El gol se compra

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yolanda-damiaYolanda Damià

Periodista

Pocas reflexiones de Jorge Valdano son tan certeras como la frase que ha convertido en axioma:  “el gol se compra”. Pues sí señor. La acción definitoria de un partido de fútbol resulta que es la más imposible de asegurar si no es por la cualidad técnica de quien ha de encargarse de conseguir colocar el balón en el fondo de la red.

Messi es el mejor porque es capaz de fabricar goles, la ambición de Ronaldo le lleva a solo sentirse “feliz” si marca. Sí, el gol se compra y, tal vez por eso, son muchos los equipos que pueden luchar por títulos si no disponen del capital que les permita otear en el mercado ese delantero mágico que vive por y para el gol.

Esa es una de las grandes razones que nos envían a esta liga bipolar, por mucho que la fragilidad defensiva mostrada por los dos grandes en este inicio de la Liga aventure que el Zamora esta temporada no serán ni Valdés ni Diego López (el Sevilla le metió dos al Barça y el Villarreal otros dos y pudieron ser más al Madrid de Ancelotti).

El buen trato con el fútbol que hizo el Levante UD en el segundo periodo del encuentro ante la R. Sociedad nos topetó de golpe con el recuerdo de la frase. Seguro que Joaquín Caparrós también se acordó de su propia cita, aquella que como entrenador del Athletic le dio el titular en una entrevista concedida en 2008 al periódico El País, “el gol no se fabrica, se compra”  ( http://elpais.com/diario/2008/10/26/deportes/1224972002_850215.html

La ocasión no materializada que tuvo Barral en el minuto 9 de partido y las tres oportunidades casi consecutivas que no acertó a convertir en gol Babá Diawara, imposibilitaron el triunfo del Levante UD ante la europea R. Sociedad. Sí, hubo muchas cosas más que facilitaron la conquista del punto granota: una excelente parada de Keylor, una doble ocasión en solo una jugada del conjunto txuri-urdin…  Pero incluso Yagoba Arrasate hubiera entendido la marcha del Ciudad de Valencia con derrota.

A pesar de puntuales errores, solo faltó el gol. Y se podría decir que esta es la razón por la que han volado del coliseum levantinista 4 puntos. Ante el Sevilla ya fue la ausencia de remate final la que impidió definir mejor el marcador a favor de los pupilos del técnico de Utrera.

Aún así, la perspectiva granota es, cuanto menos esperanzadora. Babá, a pesar de no costar al Levante un duro su cesión, parece llamado a ser el gol levantinista esta temporada. Pero  el futbolista senegalés continúa necesitando tiempo. El estado psicológico con el que llegó a Valencia ha sido mucho más preocupante que su baja forma física.

Con 20 años Babá Diawara se convirtió en una estrella del fútbol en Portugal, su trayectoria goleadora con 10, 13 o 14 goles en tres temporadas consecutivas lo llevó al Sevilla y allí se estampó el futbolista, a pesar que el conjunto hispalense pagó 3, 5 millones de euros por el senegalés y en su primer entrenamiento como sevillista aglutinó en el campo a más de 12.000 personas.

Lesiones, inadaptación o esas manías que todos los técnicos tienen, dejó sin opciones de jugar a Babá, argumento de chistes de sevillistas y béticos casi por igual. Tras 18 meses en la capital andaluza recala en Valencia, en un vestuario consciente de la carencia emocional del delantero africano. El objetivo primero es intentar conseguir que sonría. Sí, ese es el reto del cuerpo técnico del LevanteUD, consciente que solo mimando el estado moral de Babá, éste le ofrecerá los goles que el equipo necesita.

A destacar algunos gestos. En el partido ante la Real, tras errar su primera ocasión (una jugada en la que el colegiado perfectamente podía haber pitado penalti) Ivanschitz se acercó hasta en dos ocasiones a animar y aplaudir al futbolista senegalés. Desde el banquillo la imagen era similar. El gran baluarte del vestuario granota es la solidaridad (por eso tipos como Lell no tienen cabida en esa caseta) y a fuerza que sabe la plantilla levantinista que solo mimando a su compañero se le integrará en la dinámica del fútbol de élite.

Aunque la verdadera imagen conmovedora fue la de la grada del Ciudad de Valencia. Al tercer no gol (no se puede considerar del todo error porque el golpe fue bueno) de Babá la afición levantinista se alzó en pie con una cerrada ovación. Por momentos imaginé que el balón había entrado en la portería y solo yo no había percibido el gol, pero no, era el gesto que la afición ofrecía a su delantero para transmitir su fe en él y su excelente acogida.

Con estos mimbres el cesto va a ser cómodo de construir, pero no fácil. No, no va a ser fácil que el futbolista se considere miembro de la familia granota, que deje de lado su temor a la prensa (el miércoles realizó su primera rueda de prensa ante tres medios y su pavor era tan visible que casi le temblaba la voz) y que se sienta feliz. Consciente de ello el cuerpo técnico que dirige Joaquín Caparrós trabaja a destajo en aspectos que van a ser mucho más importantes que la asimilación de factores técnicos en Babá Diawara. Pero ya sabe que tiene el apoyo del vestuario y de la grada.

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