El técnico admite un último minuto mal gestionado, denuncia el dominio físico del rival y reconoce que el equipo jugó “fuera de ritmo” durante todo el partido

Un final que condena
El técnico del Valencia Basket, Pedro Martínez, no esquivó la crudeza del desenlace tras la derrota y puso el foco directamente en el tramo decisivo del encuentro.
“Siempre son varios factores los que explican una derrota. Para responder a tu pregunta tengo que hablar de dos cosas. Una es el último minuto de partido, el último minuto y cuarenta segundos”, explicó.
En ese punto crítico, el equipo tuvo opciones reales de cerrar el partido, pero no supo gestionarlas. “Sacamos una falta que parecía que el partido podía estar ahí o incluso más tarde cuando recuperamos un balón sacando de fondo ellos que recupera Darius. Ahí el partido es un cara o cruz y no lo hemos jugado muy bien”.
El golpe definitivo llegó en los detalles que separan competir de ganar: “Nos han cogido un rebote importante cuando estábamos ganando y nos han metido un triple. En ataque hemos perdido un par de balones contra su defensa de cambios en ese momento. En el cara o cruz hoy nos ha salido cruz”.
Un equipo fuera de sí mismo
Más allá del final, el entrenador fue aún más contundente al analizar el desarrollo global del partido. El Valencia nunca se encontró.
“El resto del partido hemos estado fuera de ritmo”, afirmó sin rodeos.
El técnico subrayó dos datos que reflejan el dominio rival: “Nos han cogido 17 rebotes en ataque, hemos dado menos asistencias que el rival”.
Dos indicadores claros de falta de control, energía y fluidez. El equipo no logró imponer su identidad ni su estilo habitual.
“Hemos jugado demasiado cinco contra cinco y no hemos sido capaces de jugar al ritmo que nos corresponde”, añadió, evidenciando una desconexión estructural del plan de juego.

Sin calidad ni control
Pedro Martínez fue más allá y dejó un diagnóstico preocupante sobre el rendimiento colectivo.
“No hemos podido jugar un partido de calidad, de las cosas que estábamos haciendo”.
El Valencia Basket, acostumbrado a dinamismo, transición y circulación, quedó atrapado en un partido espeso, previsible y dominado por el rival en los aspectos clave.
Orgullo sin premio
Pese a todo, el técnico quiso rescatar un último matiz: la capacidad competitiva del equipo para mantenerse con vida hasta el final.
“Pero el equipo ha luchado para tener una opción de ganar en el cara o cruz”.
Una lucha insuficiente. Porque cuando el partido exigió precisión, control y carácter, el Valencia falló. Y en ese último minuto donde se deciden las temporadas, no estuvo a la altura.





















