La creatividad es una forma de vivir que no suele atender a plazos, horarios o calendarios. Hay niños prodigio que arrancan su carrera en el teatro cuando aún no levantan más que un metro del suelo e intérpretes que continúan sobre las tablas pasados los 80 años. Pero, en ese curioso reloj interno de los artistas, a veces llega la hora de parar para dedicar más tiempo a otros placeres e intereses, más allá de la interpretación. Es lo que le ha ocurrido a Carles Castillo. Tras más de 40 años de carrera, el mítico actor, mimo y director de escena ha decidido tomarse un descanso, quién sabe si definitivo, de la actuación. Esto conlleva la despedida Hoy no estrenamos, la comedia de L’Om Imprebís que hace un homenaje a las artes escénicas y que es la mejor manera de decir adiós al público valenciano para este maestro de la improvisación.
Del 19 de febrero al 15 de marzo podrá verse dentro del XV Cicle de Companyies Valencianes de Sala Russafa esta sorprendente propuesta, spin off de su éxito La crazy class. Tomando algunos de los personajes que nacieron de aquel espectáculo, Hoy no estrenamos se sitúa en una clase de teatro donde un variopinto alumnado busca inconscientemente una manera de entender mejor su vida y la de quienes le rodean. Las artes escénicas se convierten en una herramienta para ampliar su mirada y establecer lazos con quienes parecía imposible la más mínima conexión.
4 intérpretes para 14 personajes
La asombrosa capacidad de transformación de Carles Castillo y su inseparable pareja de escenario, Carles Montoliu, permite que entre ambos den vida a 12 personajes distintos, valiéndose únicamente de sutiles cambios en elementos de vestuario o atrezo, adaptando su voz, gestualidad y movimiento. Se apoyan en una inteligente comedia, creación conjunta de la compañía, que Santiago Sánchez y Michel López se han encargado de pulir y dirigir para que funcione como un perfecto engranaje donde todos los personajes encarnados por Castillo y Montoliu se van alternando e interactuando, logrando confundir al público que muchas veces duda de que solo haya cuatro actores sobre el escenario.

Completan el elenco, por una parte, el propio Sánchez, dando vida al paciente profesor que trata de acercar el teatro a quienes muchas veces han aterrizado en su clase buscando únicamente socializar o complacer a un familiar que se empeñó en apuntarle. Y por otra, Víctor Lucas en el papel de un becario, el joven técnico en la sala, que representa el futuro de las artes escénicas, siempre que las contrariedades cotidianas y la precariedad de la profesión no arruinen su pasión innata por algo tan efímero y, al mismo tiempo tan bello, como representar una historia.
Pero, atención, que el alumnado de este curso tan peculiar no se enfrenta a contar cualquier historia, si no una de las más grandes de la literatura: Hamlet. Y lo que a todas luces parece un proyecto imposible, quizá no lo sea tanto. Porque en el teatro prácticamente nada es imposible. Salvo que el público se mantenga serio viendo Hoy no estrenamos, que ya agotó las localidades tras su paso por Sala Russafa la pasada temporada y que, dentro de su gira nacional e internacional, se despide de la cartelera valenciana.
Carles Castillo, una trayectoria marcada por el humor y la improvisación
No tiene claro si fue en 1981 o en el 82 cuando empezó a actuar en escenarios alternativos, como el de la antigua Sala Barro, y a militar en la compañía La Mandrágora. Han pasado más de cuatro décadas, la escena valenciana se ha transformado y Carles Castillo ha hecho lo propio, convirtiéndose en un sinfín de personajes en espectáculos propios, producciones institucionales y colaboraciones con otras compañías. Pero también en el cine, la radio y la televisión. Tras 25 años de colaboración estable con L’Om Imprebís y una sólida trayectoria, sólo le queda un deseo por cumplir: actuar en el teatro romano de Sagunto. “Me he muerto de envidia viendo a compañeros trabajar allí y es la espinita que me queda clavada. Pero puedo decir que he tenido la suerte de hacer cosas que he disfrutado muchísimo. Si estaba rodando con Berlanga, en ese momento no pensaba en el teatro que vendría después o en la sesión de radio que tenía hacer más tarde. Cuando estoy haciendo una cosa, me olvido del resto y la disfruto”, explica Castillo con una filosofía de vida presentista que más de uno envidiaría. Una manera de plantearse la existencia que le ha llevado ahora a necesitar más tiempo para la montaña y su gran afición a la espeleología, a la cocina, a los viajes o a la naturaleza.
Bromea con que echó de menos que sus compañeros en L’Om Imprebís le insistieran un poquito más al anunciarles su retirada. Todo lo contrario, se encontró con un respeto absoluto a su decisión de tomarse un descanso de la interpretación, un trabajo que le sigue fascinando, pero que conlleva giras nacionales e internacionales agotadoras. “Me pesan más los kilómetros que los años”, reconoce el mimo, actor, director de escena, docente y escritor.
La evolución de la escena teatral en las últimas décadas ha llevado a actuaciones únicas, para las que hay que realizar grandes viajes y salir corriendo a la mañana siguiente hacia el siguiente destino, sin tiempo para que el boca- oreja haga su labor, para disfrutar de la implantación en una sala. Algo completamente distinto a la estancia de cuatro semanas que van a disfrutar en Sala Russafa, por lo que esta despedida del público valenciano le parece que será emocionante.
“Hay mucha afición al teatro en la Comunidad Valenciana, da igual donde vayas, siempre hay un mínimo de gente viendo la obra. Y eso es un tesoro que tenemos que cultivar, favoreciendo el acceso a la cultura a todo el mundo, independientemente de que viva en una gran ciudad o un pueblo pequeño. Hay que hacer programaciones estables y regulares, que den trabajo a los artistas, pero también oportunidades al público”, sostiene el veterano artista, comprometido con la defensa de su profesión y de los derechos culturales de la ciudadanía.
Castillo tiene la conciencia tranquila porque ha hecho lo mejor que podía su trabajo. Y es consciente de que quizá algún proyecto como actor que aparezca cuando menos lo espere altere su decisión de retirarse. “La gente está más preocupada que yo con qué voy a hacer ahora”, reconoce con una sonrisa, convencido de que otras facetas profesionales como la dirección de escena o la docencia seguirá desarrollándolas más adelante. También entiende que sus compañeros vean complicado sustituirle. “Yo no podría hacer Hoy no estrenamos sin Carles Montoliu, la verdad, porque es algo que hemos creado juntos, a partir de improvisaciones, y tiene un componente muy personal”, explica el actor sobre el espectáculo con el que se despide del público valenciano.
Tras cuatro años en gira, temporadas en Madrid, más de doscientas representaciones por todo el país y Latinoamérica, además de obtener el Premio del Público al Mejor Espectáculo de Sala en la Feria de Teatro Castilla y León - Cuidad Rodrigo (2023), esta comedia que realiza una absoluta declaración de amor a las artes escénicas es la mejor despedida posible. Aunque, si Carles Castillo vuelve a nacer, tiene claro que volverá a ser actor. O, por lo menos, que se apuntará a una escuela de teatro como la que recrea en esta divertida propuesta que puede verse de jueves a domingo, durante las cuatro próximas semanas, en Sala Russafa.









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