El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) acogerá el próximo 29 de abril una conversación entre Carmen Calvo y Miquel Navarro con motivo de la XVII Bienal Internacional de Cerámica de Manises, en una cita que servirá para repasar las trayectorias de dos de las figuras clave del arte contemporáneo valenciano y su relación con la cerámica a lo largo de las últimas cinco décadas.

El director gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, Nicolás Bugeda, ha señalado que este encuentro rinde homenaje a “dos figuras fundamentales del arte valenciano” que se formaron en el propio Centre del Carme y cuyas trayectorias han traspasado fronteras.
La proyección artística de Carmen Calvo y Miquel Navarro avanzó en paralelo desde sus inicios y alcanzó pronto reconocimiento internacional. Ambos participaron, junto a otros artistas españoles, en la exposición ‘New images from Spain’ del Guggenheim de Nueva York en 1980, y posteriormente han mostrado su obra en galerías y museos nacionales e internacionales. Los dos cuentan además con el Premio Nacional de Artes Plásticas y han representado a España en la Bienal de Venecia, entre otros reconocimientos.
La relación de ambos con la cerámica se remonta a finales de los años sesenta, cuando coincidieron en su etapa de formación artística y trabajaron en Cerámicas Hispania, en Manises. Ese contacto temprano con el material, según se destaca desde la organización, contribuyó a afianzar intereses artísticos comunes y una conexión personal que marcaría parte de su evolución creativa.
En el caso de Miquel Navarro, la cerámica, y especialmente el barro cocido, ha resultado fundamental en la construcción de instalaciones de ciudades, chimeneas y esculturas, pequeñas arquitecturas que evocan paisajes urbanos y hábitats en los que aparece de fondo la presencia del ser humano. Por su parte, Carmen Calvo ha recurrido con frecuencia a fragmentos cerámicos, azulejos, piezas rotas y objetos encontrados, en una obra donde la cerámica pierde su función original y se convierte en un elemento cargado de memoria, vinculado a lo doméstico, lo íntimo y lo colectivo.
Según explica José Luis Clemente, ambos artistas se acercaron a la cerámica desde principios de los años setenta como un medio ligado a la tradición mediterránea y a lo artesanal, pero también a su dimensión industrial. En un momento en que este material apenas tenía presencia en el arte contemporáneo y seguía asociado a las llamadas artes menores, Calvo y Navarro vieron en él una vía para cuestionar jerarquías artísticas, reconectar con lo físico y abrir nuevas posibilidades de creación.



















