Durante veinte minutos, el partido en el Bilbao Arena fue real. El marcador al descanso, 35-37, así lo decía

A partir de ahí, los números dejaron de describir un encuentro para documentar una demolición: Valencia Basket cerró el partido con 79 puntos en la segunda mitad y un marcador final de 72-116, una diferencia que no se explica desde una racha puntual, sino desde una superioridad sostenida.
La clave temporal: cuando el partido deja de existir
Los parciales no engañan:
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Primer cuarto: 11-24
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Descanso: 35-37
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Final del tercero: 53-73
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Final: 72-116
El dato esencial es este: Valencia pasa de +2 al descanso a +44 al final. Eso significa un +42 en veinte minutos, con dos cuartos consecutivos por encima de los 35 puntos. No es un estirón: es una secuencia.

Un tercer cuarto que rompe el guion
El tercer cuarto marca el punto de no retorno. Valencia anota 36 puntos en ese periodo, el doble que Bilbao (18), y empieza a imponer un ritmo que el equipo local ya no puede sostener. Ahí aparecen los primeros datos que anticipan lo que vendrá después: circulación fluida, castigo desde el triple y un rebote defensivo que corta cualquier intento de segundas opciones.
Cuando el marcador llega al 53-73, el partido ya no está en disputa. Lo que queda es medir el alcance del golpe.
Último cuarto: 43 puntos y el partido entra en cifras históricas
El último periodo convierte la victoria en algo excepcional. Valencia suma 43 puntos en diez minutos, una cifra poco habitual en la Liga Endesa y que dispara el marcador hasta los 116 puntos finales, lejos de la media habitual incluso en victorias amplias.
El dato no es solo cuánto anota Valencia, sino cómo lo hace: puntos en transición, desde el perímetro, en la pintura y desde el tiro libre, sin bajar el ritmo pese a la ventaja. El partido no se cierra; se acelera.

La eficiencia que explica la paliza
Valencia no necesita volumen desmedido de tiro para alcanzar los 116 puntos porque su eficacia es extraordinaria:
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77% en tiros de dos
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47% en triples
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80% en tiros libres
Bilbao, en cambio, se queda en un 22% desde el triple (7/32). Ese contraste abre la pista para unos y la cierra para otros. Cuando un equipo convierte casi uno de cada dos triples y el rival falla cuatro de cada cinco, el marcador deja de ser negociable.
El rebote como acelerador del castigo
Otro dato estructural: el rebote.
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Valencia: 43
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Bilbao: 23
Un +20 en rebotes, con 34 defensivos, permite a Valencia correr, repetir ritmo y no conceder segundas oportunidades. El dominio del rebote convierte cada fallo en una excepción y cada acierto en un punto de partida para el siguiente ataque.

Muchos protagonistas, un solo mensaje
No hay un único ejecutor. Hay una suma constante:
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Jean Montero lidera con 22 puntos y 4/6 en triples.
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Brancou Badio aporta 15 desde la energía y el acierto exterior.
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Braxton Key suma 12, con impacto defensivo y físico.
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Xabi López-Arostegui firma 10 puntos sin fallo desde el tiro libre (7/7).
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Sergio de Larrea deja huella con +30 en pista.
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Puerto anota el triple que simboliza el cierre coral: todos suman.
En Bilbao, Petrasek sostiene al equipo con 23 puntos y una serie casi perfecta, pero está solo. El resto del perímetro se atasca, con Jaworski cerrando en 0/7 en triples, una cifra que resume la noche local.

Conclusión: no fue un resultado, fue una señal
El partido no se explica por el 72-116 final, sino por el 37-79 de la segunda mitad. Valencia no ganó porque Bilbao bajara los brazos; ganó porque mantuvo un nivel ofensivo altísimo durante veinte minutos seguidos, algo que solo está al alcance de equipos en plena madurez competitiva.
En Bilbao, más que una victoria, Valencia Basket dejó un aviso medible: cuando encuentra ritmo, eficiencia y control del rebote, el partido no se discute. Se documenta.





















