Un 16-32 final, 50% en triples y 29 asistencias: la noche en que los números hicieron histórica a Valencia Basket

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Valencia Basket firmó en El Pireo una de esas victorias que trascienden el marcador. El 92-99 ante Olympiacos no solo rompió la lógica del escenario, sino que se edificó desde una lectura táctica impecable, una respuesta colectiva sobresaliente y un último cuarto que explica, por sí solo, la dimensión de la gesta

Un partido de alternancias que exigía paciencia

El encuentro arrancó con Olympiacos imponiendo su ritmo y su físico (27-25), sosteniéndose sobre la producción de Sasha Vezenkov y el control interior de Milutinov. Valencia, lejos de descomponerse, respondió desde la eficiencia y el equilibrio, manteniéndose siempre a una posesión de distancia.

El segundo cuarto reforzó esa sensación de pulso constante (20-24). Valencia Basket fue creciendo en confianza, moviendo el balón con criterio y castigando cada ayuda larga de la defensa griega. Al descanso, el partido estaba exactamente donde quería el equipo taronja: abierto, igualado y sin concesiones emocionales.

El golpe griego y la reacción taronja

Tras el intermedio, Olympiacos lanzó su ofensiva más contundente. El parcial del tercer cuarto (29-18) parecía marcar el punto de inflexión del partido. Vezenkov asumió galones, Walkup empujó desde la dirección y el ambiente del Peace and Friendship Stadium apretó como solo sabe hacerlo.

Pero ahí emergió la madurez de Valencia Basket. Lejos de precipitarse, sostuvo el partido desde el rebote, aceptó intercambios de canastas y evitó que la desventaja se convirtiera en ruptura definitiva. Llegar con vida al último cuarto en El Pireo ya es un triunfo parcial.

Un último cuarto para la historia

El desenlace fue sencillamente antológico. Valencia Basket firmó un 16-32 en el último cuarto, un parcial demoledor que silenció al pabellón y desarmó por completo a Olympiacos. La clave estuvo en la eficiencia ofensiva y la claridad en la toma de decisiones.

El equipo taronja cerró el partido con 50% en triples (16/32) y un notable 81,3% en tiros libres (13/16), para un 50,7% en tiros de campo (35/69) castigando cada falta y cada desajuste defensivo del rival. Olympiacos, por el contrario, bajó prestaciones en el momento decisivo y no encontró respuestas ante la avalancha visitante.

Reuvers lidera, el colectivo decide

En el plano individual, Nate Reuvers fue el referente ofensivo con 21 puntos, apareciendo en momentos clave para sostener y rematar la remontada. A su lado, el partido de Josep Puerto (13 puntos) y Matt Costello (14) añadió consistencia a un ataque coral.

Pero el auténtico motor del triunfo estuvo en la dirección y el control del juego. Jean Montero repartió 8 asistencias, mientras Darius Thompson sumó 6, guiando a un equipo que cerró el partido con 29 asistencias, siete más que Olympiacos. El balón siempre encontró al jugador adecuado.

Ganar donde más cuesta: rebote y carácter

Valencia Basket también impuso su ley en el rebote: 36 capturas por 29, con especial impacto en el rebote ofensivo, donde generó segundas oportunidades decisivas en el tramo final. En un contexto de máxima exigencia física, ese dominio fue clave para inclinar la balanza.

Ni siquiera el empuje individual de Vezenkov (24 puntos) o el trabajo interior de Milutinov (13 puntos, 8 rebotes) bastaron para frenar a un Valencia que jugó con temple, cabeza fría y una convicción inquebrantable.

Una victoria que explica un equipo

El índice de rendimiento global (114 por 109) resume una realidad clara: Valencia Basket fue mejor cuando el partido exigió excelencia. No ganó desde la épica improvisada, sino desde el orden, la lectura del partido y una ejecución impecable en los momentos calientes.

Ganar en El Pireo exige algo más que talento. Exige carácter, disciplina y confianza colectiva. Valencia Basket lo tuvo todo. Y por eso la victoria no fue solo un resultado: fue una declaración.

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