“Más difícil todavía” es una de las frases icónicas de las artes escénicas junto a “the show must go on” y “al final, todo sale”. A medio camino entre el dicho y el empirismo, estas afirmaciones describen la realidad de los que apuestan por la cultura y la creatividad escénica - ya sea al teatro, la danza o el circo - como una forma de ganarse la vida. Por eso, la organización de Russafa Escènica – Festival de Tardor ha propuesto como lema para su XV edición ‘Pirueta con doble salto mortal hacia atrás’. Una frase que inspira la programación y el cartel que pronto llegará a las calles de la capital valenciana.

“Nosotros mismos hemos estado haciendo malabarismos, andando por un hilo de alambre, invirtiendo tiempo y esfuerzos para organizar un festival sin tener hoy en día todos los apoyos institucionales cerrados”, reconoce Jerónimo Cornelles, director artístico de un festival que cumple quince ediciones, que siempre se celebra la segunda quincena de septiembre y que requiere del trabajo de cerca de 50 profesionales de la cultura para su realización.
Al igual que otras muchas iniciativas culturales, pese a su trayectoria y papel en la dinamización de la escena, siguen encontrándose con sorpresas cada año. “Estamos en julio y no se ha convocado la orden de ayudas del IVC para 2025. Esto conlleva que, cuando haya pasado el festival, ¡todavía no se habrán resuelto! Así que tenemos que cerrar y celebrar una edición sin saber si podremos contar con algún aporte por parte, nada menos, que el Institut Valencià de Cultura”, comenta Cornelles para después añadir una de arena a la de cal: este año recuperan la colaboración del CCCC.
Esta situación de incertidumbre viene sufriéndose (y denunciándose) desde el núcleo duro de la organización a lo largo de los años. Incluso llegaron a plantearse en la anterior edición que podía ser la última. Y así lo ha sido para algunos compañeros, que han dejado Russafa Escènica por el desgaste de no encontrar apoyos públicos para organizar una cita de la que disfrutan más de 4.000 espectadores cada año.
Con nuevas incorporaciones en el equipo, haciendo suyo aquello de ‘’¡más difícil todavía!’, del 17 al 28 de septiembre, vuelve a la cartelera esta celebración de las artes escénicas, que impulsa la creación escénica emergente, aporta actividades formativas para los jóvenes profesionales del sector y propone al público nuevos espacios de representación, uniendo en las salas de teatro tiendas, coworkings y todo tipo de escenarios improvisados que ofrecen una experiencia escénica próxima y diferente.
Miguel Hache firma el cartel
Un collage del artista valenciano Miguel Hache protagoniza el cartel de la nueva edición de Russafa Escènica – Festival de Tardor. Se trata de un curioso zapato – saltamontes que encaja dentro de un diseño a cargo de Vicent Ribelles.
“Cuando me contaron el lema del festival, me venían a la cabeza ideas con las que quería trabajar. Una de ellas era utilizar un elemento cotidiano vinculado a los pies, que son los que impulsan el salto. Pero también quería incluir la naturaleza, en alusión a las piruetas que tiene que hacer por el cambio climático”, explica el ilustrador, escultor y artista fallero. Su última creación ‘NADA’, dentro de la categoría de Fallas Experimentales, fue un homenaje a las víctimas de la Dana que atrajo la atención mediática y el apoyo del público.

Vinculado como creador al mundo fallero desde los 14 años (de manera autodidacta al principio), tanto en la construcción de monumentos como en la cartelería y ediciones impresas, también ha desarrollado una interesante trayectoria dentro de las artes plásticas que le ha reportado reconocimientos nacionales e internacionales. Además, últimamente está recibiendo encargos del ámbito de las artes escénicas. “He hecho carteles para alarcón&cornelles y el TEM, estoy elaborando unos títeres para L'Horta Teatre, también me entran algunos trabajos de escenografía... Es un mundo muy interesante y en el que me siento muy cómodo trabajando” explica el creador, quien encuentra similitudes entre este sector y el de las bellas artes.
“Los dos tenemos que convivir con la precariedad. Son dos mundos de supervivientes”, comenta Hache, apuntando que no puede quejarse, pero que ha ido ajustando su estilo de vida para llevar lo mejor posible circunstancias desafortunadamente habituales para los artistas, como la inestabilidad económica o las repentinas subidas de trabajo frente a momentos de sequía. Son solo dos ejemplos de las difíciles condiciones de trabajo que, desgraciadamente, parece tener que asumir quién quiere dedicarse a la cultura como creador independiente.
También está la otra vertiente de significado en el lema, la de quien crea sin saber cómo lo recibirá el público, con el vértigo de saltar al vacío a la espera de que su propuesta escénica, plástica o de cualquier otra área de la cultura sea recibida con cariño.
Haciendo piruetas, subiéndose al trapecio sin red y manteniendo malabarismos sin que se caiga ninguna pelota, los creadores emergentes y los que ya no lo son, pero quieren experimentar con nuevos formatos, han respondido a la XV convocatoria de presentación de proyectos para participar en Russafa Escènica – Festival de Tardor. Y a partir del 17 de septiembre mostrarán sus espectáculos breves o sus creaciones escénicas de larga duración dentro de la programación de una de las citas que, año tras año, a golpe de equilibrismo, se hace un hueco en la cartelera valenciana.