La mayoría de los que desplegaban banderas palestinas a lo largo de la última etapa de la Vuelta a España mostraban, simplemente, su rechazo y repugnancia ante la masacre de la Franja de Gaza.

Es sintomático que el Gobierno animase esos disturbios, al tiempo que hablaba de manifestación pacífica cuando la Vuelta hubo de suspenderse por la agresión a la caravana de corredores y a la inutilización física de los dispositivos del final de carrera.
La incitación del Gobierno se corresponde con la poca reacción policial, que ha llevado a los sindicatos de los cuerpos de seguridad a hablar de dejadez de las autoridades ante los sucesos de marras. ¿Por qué esa actitud gubernamental?
La parte más noble de ese comportamiento vendría de la oposición frontal a la guerra de Gaza y a la defensa del pueblo palestino. Pero hay más. El Gobierno quiere mostrar su dominio de la calle, por violenta que sea su actitud, y su capacidad de movilizarla con el eslogan que sea. Por eso, lo de Palestina viene a ser una disculpa, como pudiera ser en su caso la Sanidad o los incendios forestales. De lo que trata el Gobierno es de tener bien engrasada la “kale borroka” para amedrentar a la oposición. Viene a mostrarle a ésta lo que podría ocurrir durante una campaña electoral y, sobre todo, si algún día la derecha toma el poder.
La calle es mía, viene a decir, y su capacidad de movilización por nuestra parte es tan grande que hasta podemos interrumpir una prueba ciclista importantísima, O sea, que la derecha se ande con cuidado pese a lo que digan las encuestas porque en cualquier momento el partido en el poder puede poner todo patas arriba. Ésta, y no otra, es la principal conclusión de lo ocurrido en la manifestación pro Palestina.
[ Enrique Arias Vega | Escritor, periodista y economista | @EnriqueAriasVeg ]





















