‘Las amistades peligrosas’ y de ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’ en Sala Russafa

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Cuando las revelaciones sobre el caso Epstein sacan a la luz cómo una clase poderosa y privilegiada del siglo XX disfrutó de una oscura relación con los placeres (cuando no delictiva), el escenario de Sala Russafa acoge las últimas cuatro funciones de ‘Las amistades peligrosas’, una nueva versión escénica de la obra maestra de Pierre Choderlos de Laclos a cargo de la formación alarcón&cornelles.

La única novela de este militar e intelectual francés recrea una guerra de sexos entre dos personajes libertinos, Madame de Merteuil y el Vizconde de Valmont. Dos antiguos amantes que colaboran, compiten y se enfrentan a lo largo de una apasionante historia que retrata la manipulación a través de los placeres, la cosificación y la utilización de otras personas en beneficio propio.

A la hora de preparar un nuevo abordaje escénico de este popular título, Maribel Bayona y Jerónimo Cornelles acudieron a la novela epistolar original para captar su esencia, que continúa completamente vigente. “Las clases pudientes del momento, en realidad, tenían mucho ocio y poco en lo que ocuparlo, así que se entretenían haciéndose daño los unos a los otros”, destaca Cornelles, quien también dirige este espectáculo que se asoma con mirada contemporánea al clásico. Mientras que la coautora de la versión remarca el paralelismo existente entre la fascinación por la maldad que despierta la novela y la que parece crecer actualmente, con el auge de ideologías extremas y los ejercicios dictatoriales del poder.

La puesta en escena del espectáculo (desarrollado dentro de las residencias creativas de las que alarcón&cornelles disfrutan en Sala Russafa, junto a otras compañías y artistas) combina las reminiscencias clásicas junto a los guiños contemporáneos para generar un universo híbrido. Un espacio que conecta el siglo XXI con el XVIII gracias al vestuario, la ambientación musical, la iluminación y escenografía. Además, el uso de móviles y pantallas para reproducir los video mensajes que se intercambian los protagonistas refuerzan la idea de que el contenido de esa correspondencia podría ser muy similar entonces y ahora.

‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’.

Profundizando en la psicología de los personajes a los que dan vida la propia Bayona junto a Cristina Esteve, Rafa Alarcón y Ana Burguet (quien entra como cover por la sustitución en algunas funciones de la gira de Rebeca Valls), el espectáculo aborda temas como el techo de cristal que sufrían y siguen padeciendo muchas mujeres poderosas, rebajando la importancia de sus méritos o directamente escondiéndolos para evitar el conflicto en una sociedad que en la que hombres y mujeres no tienen las mismas libertades. El edadismo, la sexualidad y la imagen pública tienen un doble rasero que el espectáculo explora, partiendo de la base que sentó De Laclos hace dos siglos e invitando a la reflexión sobre la vigencia de esas palabras. Un análisis al que la nueva versión libre de Las amistades peligrosas invita gracias a los apartes en los que los intérpretes salen por un momento de sus personajes para observarlos, comentar sus motivaciones y humanizarlos, en tanto en su bondad como en la maldad.

Del 12 al 15 de febrero, el Cicle de Companyies Valencianes de Sala Russafa acoge las últimas cuatro funciones de este espectáculo, que encara su tercera semana en cartel. Una oportunidad para disfrutar de un montaje que la crítica ha calificado de “inteligente y valiente” (J.V, Peiró, Red Escénica), destacando la novedad del acercamiento y la labor interpretativa de un elenco que consigue trazar un puente entre pasado y presente para observar la oscura relación que algunos individuos establecen entre deseo y poder, para preguntarnos cuánto de peligroso siguen teniendo ciertas amistades.

‘El verano que mi madre tuvo los ojos verdes’

Premio Literatura de la Unión Europea, Finalista del Premio Librerías de Madrid, Premio Cálamo Libro del Año… son solo algunos de los reconocimientos que ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’ recibió al ser publicada en 2019, sacudiendo el panorama literario europeo con una historia donde la crudeza y la belleza llegaban a manos llenas, alejándose de la idealización para recrear una relación maternofilial en la que los vínculos iban mucho más allá de las formalidades.

La primera novela de la moldava Tatiana Tibuleac, con más de 90.000 ejemplares vendidos de su traducción española, narra el camino de redención por el que un hijo que padece un desorden mental aprende a dejar de odiar a su madre, enferma terminal. Miguel Alcantud firma y dirige la versión escénica del libro, que Sala Russafa estrena en Valencia con una única función el 17 de febrero. La sitúa en el estudio de pintura donde el protagonista, ya adulto, recuerda los últimos días que pasó junto a su madre. Un viaje emocional en el que expone su herida, con toda su crudeza y humanidad.

Juan Díaz da vida a este complejo personaje. Conocido por sus papeles en televisión y cine, el intérprete desarrolla en paralelo una trayectoria teatral caracterizada por el riesgo y en la que ha sido galardonado por la Unión de Actores y nominado en los Premios MAX. Para este montaje, ha trabajado con la reconocida artista plástica andaluza Bárbara Shunyi, cuya carrera internacional incluye numerosas exposiciones colectivas en Asia, Europa y América. Ella le ha preparado para la parte de creación pictórica que forma parte de la puesta en escena ideada por Alcantud.

Con una larga y exitosa trayectoria como guionista y dramaturgo, director de escena y cine, además de docente internacional; apuesta por la experiencia en vivo a la hora de trasladar al escenario el universo creado por Tibuleac.  Desordenado y caótico, cruel y bello, con una sensibilidad que va creciendo en cada capítulo, Alcantud se enfrenta al reto de crear un montaje que puede disfrutar tanto quien conoce la novela como quien se acerca por primera vez a esta historia. Y lo logra recreando la atmósfera angustiosa en la que vive la mente enferma del protagonista, invitando a descubrir con él, en ese momento, el camino de sus sentimientos, de sus afectos, con un poderoso final que funciona como una catarsis, situando la experiencia escénica en el plano de la absoluta emoción.

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