Hoy, a las 12:00 horas, el silencio ha vuelto a apoderarse del parque junto a la calle Poeta Rafael Alberti. Bajo la imponente silueta de un edificio que ya no es negro, sino que empieza a lucir sus primeras placas blancas, cientos de vecinos han recordado a las diez víctimas de la tragedia de 2024. Sin embargo, tras los ramos de flores y los discursos de unidad, el segundo aniversario del incendio de Campanar arroja una radiografía dual: mientras la rehabilitación física bate récords, la seguridad legislativa del resto de València sigue en "vía muerta".

La alerta del Observatorio: "Poco hemos aprendido"
La nota más discordante y preocupante de la jornada la ha puesto el Observatorio de Nuevos Riesgos de Incendio. Mientras las autoridades locales, como el segundo teniente de alcalde José Gosálbez y la concejal Mónica Gil, arropaban a las víctimas en el acto conmemorativo, los técnicos del Observatorio lanzaban un informe demoledor: la parálisis legislativa es total. "Campanar hoy es un edificio seguro, pero es una excepción. El Código Técnico de la Edificación (CTE) sigue sin actualizarse y el censo de edificios en riesgo prometido por las administraciones sigue sin materializarse plenamente", denuncian los expertos.
Según el Observatorio, la tragedia no ha servido para que las instituciones obliguen a revisar edificios con fachadas ventiladas similares en toda España. Se ha mejorado el edificio siniestrado, pero no se ha blindado el parque inmobiliario existente.
El nuevo edificio: Un búnker de cerámica y lana de roca
La gran noticia de este domingo es visual. Tras una inversión de 20 millones de euros asumida por la aseguradora Mapfre, las obras lideradas por el estudio Arqueha y la constructora Dragados han alcanzado un punto de no retorno. Esta misma semana ha comenzado la instalación del nuevo revestimiento que sustituye al fatídico aluminio.

La rehabilitación del inmueble no busca solo recuperar su estética original, sino convertirlo en un referente de seguridad inexpugnable. El cambio más significativo reside en su nueva fachada ignífuga, donde el polémico aluminio con núcleo de polietileno ha sido desterrado para siempre. En su lugar, el estudio Arqueha ha optado por un revestimiento de material cerámico combinado con lana de roca, una solución técnica que garantiza una resistencia absoluta frente al fuego y elimina cualquier posibilidad de propagación exterior. Esta semana, los vecinos han podido ver cómo las primeras placas blancas empiezan a cubrir el esqueleto, simbolizando el fin de la "antorcha" que fue el edificio en 2024.
Además de los materiales, la arquitectura interna ha sido rediseñada bajo un estricto criterio de zonificación de seguridad. A diferencia del bloque original, donde el fuego saltó sin control entre viviendas y torres, el nuevo proyecto ha sido "sectorizado" mediante barreras físicas que actúan como cortafuegos. El objetivo es que, ante un eventual incidente en un domicilio, las llamas queden confinadas en ese espacio, impidiendo que el calor o el humo afecten a las propiedades colindantes o utilicen la fachada como vía de escape hacia las plantas superiores.
Uno de los cambios estructurales más críticos para la supervivencia se encuentra en las escaleras independientes. La investigación de la tragedia detectó que la adyacencia de las dos escaleras originales facilitó que el humo bloqueara ambas vías de escape al mismo tiempo, dejando a muchos vecinos atrapados. Para corregir este error fatal, se ha creado un nuevo volumen arquitectónico que separa físicamente las salidas de emergencia, garantizando que siempre exista una alternativa de evacuación segura y libre de gases tóxicos.
Este despliegue técnico permite que el horizonte del regreso a casa sea hoy una certeza palpable. El presidente de APROICAM, Enrique Salvador, ha confirmado durante los actos de este domingo que el ritmo de las obras es "muy bueno" y se ajusta a los plazos previstos tras el inicio de los trabajos el pasado verano. Si no surgen imprevistos, la comunidad espera recibir las llaves del edificio a finales de este mismo año, permitiendo que las 137 familias vuelvan a habitar sus hogares de manera definitiva durante el primer trimestre de 2027, cerrando así un ciclo de tres años de exilio y lucha.

La sombra del archivo judicial: Un "accidente" sin responsables
A pesar de la esperanza constructiva, el plano judicial sigue siendo un trago amargo. Este segundo aniversario está marcado por el archivo definitivo de la causa por parte de la Audiencia de Valencia el pasado julio. El tribunal ratificó que el fuego fue "accidental", originado en el motor de la nevera del apartamento 86, y rechazó seguir investigando los materiales o los protocolos de los bomberos al considerarlo una "causa general" sin base penal. Para las familias de víctimas como la joven Alina, este carpetazo deja una sensación de "impunidad técnica" sobre por qué un edificio moderno ardió en solo 45 minutos.


Una familia forjada en el fuego
El acto de hoy ha servido para escenificar la transformación de una comunidad de vecinos impersonal en una "gran familia". Los propietarios, que mantienen sus hipotecas aplazadas hasta 2027 y cuentan con la prórroga de ayudas al alquiler de la Generalitat, ven la luz al final del túnel.


El "Nuevo Edificio Campanar" será un referente de seguridad, con una fachada cerámica incombustible elegida por los propios vecinos. Pero la investigación concluye con una paradoja: mientras los propietarios del inmueble siniestrado pagan 30 millones de euros por su seguridad futura, miles de ciudadanos en edificios idénticos siguen viviendo bajo el mismo riesgo que hace dos años.
La lección de Campanar sigue a medias. València recupera un edificio, pero la advertencia de los expertos es clara: hasta que no haya un cambio real en la ley, la ciudad sigue confiando su seguridad a que ningún otro "paciente cero" —un electrodoméstico defectuoso— vuelva a encontrarse con una fachada inflamable bajo el viento de poniente.
Como advierten los bomberos y técnicos, la mayor tragedia estructural de València corre el riesgo de quedar en una anécdota de heroísmo vecinal si no se traduce en leyes que impidan que el próximo "motor de nevera" vuelva a causar un funeral de Estado.






















