Francesc Miralles (Barcelona, 1968) es un escritor galardonado, periodista y terapeuta artístico. Licenciado en filología alemana, actualmente da conferencias en todo el mundo y colabora habitualmente con diarios y revistas como Cuerpo Mente, El País Semanal, entre otros. Es un referente internacional en el campo del desarrollo personal y ha escrito libros como Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz, del cual es coautor. Este libro ha sido traducido a setenta idiomas y ha ocupado los primeros puestos en las listas de best-sellers en Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Turquía e India, donde ha estado dos años como número 1 en no ficción. Como autor de narrativa juvenil, destacan la bilogía ‘Retrum’, traducida a ocho idiomas, y novelas como ‘Pulsaciones’, ‘Tú eres la noche’ y ‘Sakura Love’.
Pregunta: ¿Por qué la transformación del protagonista empieza con un acto de bondad hacia una joven sin hogar?

Francesc Miralles: Cuando te abres a la generosidad, en especial a desconocidos, conectas con una energía muy poderosa que luego te viene de regreso. Si entregas el amor, recibes amor. Esa es la magia de la vida.
P.: Si pudiéramos hablar con Dios… ¿cuál sería, para ti, la pregunta esencial?
F.M.: Cada persona preguntaría algo distinto, según cuál sea tu situación vital. Muchas querrían saber si hay otra vida después de esta, si vamos a reencontrarnos con nuestros seres queridos… En mi caso, le preguntaría cosas sobre mi vida terrenal, como hace el protagonista de la novela.
P.: En el libro se entiende que Dios es el mejor coach del Universo. ¿Qué significa exactamente esa metáfora?
F.M.: Significa que conoce las reglas de la vida, e incluso los secretos de por qué los humanos actuamos tal como lo hacemos.
P.: ¿Crees que tener todas las respuestas nos haría más felices?
F.M.: Nunca tendremos todas las respuestas, ya que el misterio es la sal de la vida. Pero sí es importante hacernos preguntas, afrontar la existencia y nuestro papel en ella con curiosidad.
P.: Incluso teniendo el teléfono de Dios, ¿podríamos caer en el error de no saber aprovecharlo?
F.M.: Hay que atreverse a marcar su número y atreverse también a escucharlo, cualquier cosa que cada cual identifique con Dios: una inteligencia externa, la magia de la vida, o tu propia sabiduría interior. Como decía Machado en uno de sus poemas: “quien habla solo espera hablar a Dios un día”.
P.: ¿Ayudar a los demás puede ser realmente un antídoto contra la tristeza y la desconexión?
F.M.: Desde luego, ya lo decía Teresa de Calcuta: si estás desconsolado, consuela a alguien. Hemos venido al mundo a amar.
P.: El protagonista puede preguntar lo que quiera. ¿Hay alguna pregunta que, según tú, no debería hacerse nunca?

F.M.: Yo jamás preguntaría cuándo moriré. Es un misterio que nos conviene no desvelar, así puedes vivir cada día como si fuera el último.
P.: ¿El teléfono de Dios resuelve dudas… o nos invita a plantearnos nuevas preguntas?
F.M.: Ambas cosas. Cada respuesta importante abre nuevas preguntas. En eso consiste el arte de explorar.
P.: ¿Cómo se relaciona ‘El teléfono de Dios’ con la filosofía del Ikigai?
F.M.: Uno de los temas que quiere resolver su protagonista es encontrar el propósito de su vida. A través de estas conversaciones lo va descubriendo.
P.: Si realmente existiera un teléfono así, ¿crees que la humanidad sería mejor o, al menos, cambiaría poco?
F.M.: Existe un teléfono así dentro de cada cual.























