Una ruptura en tiempos de redes

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pere-ferrerElla abandonó el grupo de WhatsApp que compartían con otros amigos y tampoco le respondió al WhatsApp particular que él le envió y en el que nunca llegaron a aparecer las dos famosas ‘rayitas’. No contestó a su llamada por Viber, ni dio señales vía Line. Tenía su twitter inactivo desde hace días, al igual que en facebook y no respondió a sus mensajes privados en ninguna de las dos redes. Su única actualización en face era que había dejado también el grupo que compartía con esas mismas amistades.

Le envió un e-mail del que tampoco obtuvo respuesta y en su Smartphone que no estaba apagado ni fuera de cobertura ya no cabían más mensajes.

Maldijo su suerte y pensó para qué le había servido tanta tecnología si no podía entender por qué se había truncado su relación y ni podía hablarlo por última vez con su pareja. Quizá no entendió que esa ‘última vez’ ya se había producido. Pero entre las parejas y más si hay conflicto o ruptura, ya se sabe, parece que el más perjudicado o dolido siempre necesita una explicación más. Y él no la tuvo, al menos eso creía.

Incluso probó con HeyTell, una app a modo de walkie talkie con la que tanto se habían reído en otras ocasiones, pero ni eso.

rupturaY así fueron cayendo los días, de una manera cansina, agónica y sin tener noticias. Una situación que le desesperaba y le atenazaba a sus soportes móviles, esperando una respuesta que no iba a llegar nunca. Hasta que, sumido por la obsesión y el hastío, se le ocurrió utilizar esos mismos soportes en positivo, para llamar a su amigo, bajar a la terraza de la esquina, pedirse dos ‘rubias’ bien frías y como diría después su terapeuta: verbalizarlo.

Le vino bien, recordó con su amigo como la conoció, cuando comenzó su relación, todas las promesas que se habían hecho, todo lo que habían compartido en los últimos dos años, hasta desembocar en aquel detonante fatídico en el que empezó a resquebrajarse su relación que, por lo que luego entendió, ya hacía aguas y él no lo supo ver.

Una tarde, después del trabajo, quedaron y ella, por primera vez, apareció diferente, con un semblante serio, preocupada. Le explicó que hacía tiempo que le daba vueltas a una cosa y necesitaba decírselo, pero no tenía fuerzas para ello, y le regaló un libro con una nota que decía tan sólo: página 273. Él hizo ademán de abrirlo y ella le rogó que lo hiciera después, en su casa, cuando ya no estuvieran juntos.

Esa fue la última vez que la vio y habló con ella. Con el tiempo él ha rehecho su vida y le consta que ella también, en otra ciudad, con otra persona. Y sus perfiles en redes tampoco han vuelto a cruzarse, en parte por los parámetros de privacidad y en parte, también, porque él asimiló la conveniencia de no comunicarse.

PD: El libro era  ‘La luz en casa de los demás’, de Chiara Gamberale y la página 273 arrancaba con una pregunta y tres posibles respuestas, que no por obvias eran menos ciertas:

< ¿Cómo termina un amor?

>Termina cuando ya no hay más, cuando hay demasiado o cuando en realidad nunca lo ha habido.

Pere Ferrer
Asesor en comunicación – Colaborador en el blog Comunicación de Resistencia

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