Un innovador estudio basado en fotografías aéreas revela la pérdida de dos tercios de huerta en los últimos 50 años

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Valencia. Imagen aérea de 1956

Víctor Soriano, geógrafo valenciano, ha concluído recientemente un estudio inédito que revela que en los últimos cincuenta años se han perdido dos tercios de la huerta existente en el área metropolitana en 1956, fecha en la que se realizó la primera fotografía aérea de la zona por parte del Ejército de los Estados Unidos.

Soriano ha comparado esas imágenes con las obtenidas en años posteriores dando como resultado un completo estudio centrado en evaluar la evolución de la huerta valenciana mediante la interpretación y referenciación geográfica de las imágenes aéreas disponibles y que datan de 1956, 1977, 1991 y 2011. Tras este minucioso trabajo, se ha obtenido una cartografía completa y analizada sobre la evolución de este paisaje agrícola y cultural.

Entre las conclusiones extraídas, Soriano señala que dos tercios de la huerta existente en 1956 ha desaparecido pasando de unas 15.000 hectáreas que existían en el ámbito regado por las acequias del Turia a las aproximadas 6.000 hectáreas que sobreviven hoy en día.

Para Soriano, la causa ha sido, principalmente, el urbanismo, sobretodo, el urbanismo de los años del desarrollismo, desde finales de los 50 hasta finales de los 70, que, aunque destructor y sin planeamiento adecuado, para el geógrafo tenía un “sentido” ya que era necesario dar vivienda a la gente que migraba del campo a la ciudad, una necesidad que difiere del periodo más reciente caracterizado por la burbuja inmobiliaria cuando se construía por encima de las necesidades que la población tenía.

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Valencia. Vista desde el cielo en el año 2011

El avance urbanizador y la construcción de infraestructuras fueron las principales causas de la desaparición de los cultivos aunque, como explica Soriano, en los años del tardofranquismo se destruyen unas 6.000 hectáreas mientras que en las dos décadas del conocido como ‘boom’ inmobiliario, la destrucción se limita a unas 1.600 hectáreas. En esos primeros años en los que se centra el análisis del geógrafo se dio “un crecimiento alocado”, se construía sin urbanizar y eso dio lugar a edificaciones rodeadas de huerta que, finalmente, acababa por desaparecer.

Además de la construcción, Soriano apunta otra causa como desencadenante de la destrucción de la huerta: la sustitución de los cultivos tradicionales por naranjos. Ello se debió a que estos últimos no requerían de un cuidado constante y permitía a los agricultores dedicarse a otros empleos en la industria o en el sector servicios.

La segunda etapa más destructiva para la huerta es la que va desde 1991 al 2011, la que coincide con el ‘boom’ inmobiliario y que se caracteriza porque los municipios asumen competencias en urbanismo que antes no tenían y se decantan por este modelo de desarrollo para incrementar sus ingresos convirtiendo lo que debería de ser “excepcional en ordinario”. “Algunos municipios de l’Horta doblaron su población en este periodo” y “muchos tenían intenciones de multiplicar su población” aunque la crisis del ladrillo frenó en seco sus aspiraciones.

Así, después de 50 años, la huerta del área metropolitana ha pasado de 15.000 a 6.000 hectáreas pero el freno del negocio inmobiliario y la conciencia ambiental de las instituciones empeñadas en protegerla no bastará para que la huerta se mantenga. Como apunta Soriano, la huerta valenciana es un espacio único en Europa y un ecosistema social y cultural ya que su supervivencia depende del ser humano. Por ello, considera que ahora es el momento “ideal” para modificar la normativa y permitir usos complementarios en la huerta para darle así viabilidad económica.

El géografo plantea la compatibilidad de usos no tradicionales en las construcciones de la huerta, desde hostelería hasta despachos profesionales, buscar f´romulas que garanticen la rentabilidad agraria, proteger la huerta y, sobretodo, incorporarla a la vida ciudadana” aunque puntualiza que ello no debe “condenar el hipotético crecimiento futuro de la ciudad” que, en su opinión, “estaría más que garantizado si se promoviera la densificación de las urbanizaciones del eje de la Pista de Ademuz”.

Y en ese planteamiento subyace una visión metropolitana del espacio que Soriano defiende como la única viable pues opina que no tiene sentido que la ciudad se autoimponga unos límites físicos cuando la población del área metropolitana se mueve como parte de la misma unidad geográfica. “En Valencia tenemos muy abandonado el concepto metropolitano. Existe una defensa a ultranza del municipalismo y eso es bueno para algunas cosas pero, sobretodo, para la protección de la huerta, no”, concluye.

Su estudio, en el que ha estado trabajando alrededor de un año, está pendiente de publicación que se hará, probablemente, a través de una institución pública.

3 Comentarios

  1. Y la que se va a perder ahora.
    Los agricultores propietarios de terrenos, van a ser muy ricos
    Quieren industralizar el gobierno ,toda la industria perdida y para eso
    hay que comprar terreno de campo.

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