Twitter no es culpable

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El asesinato de Isabel Carrasco ha puesto encima de la mesa muchos debates que a más de uno le han incomodado. En cuanto se conoció la noticia, y antes de que la investigación comenzara, muchos dirigentes del Partido Popular y sus voceros mediáticos se afanaron en culpar a los movimientos de contestación ciudadana, afirmando que creaban un caldo de cultivo para que se llegara a ese extremo.

PP. Isabel Carrasco. Leon. asesinato

Ni siquiera cuando se conoció que los presuntos autores materiales eran dos militantes del PP aflojó la presión mediática. Aún hoy día hay destacados dirigentes del PP, como  el presidente de las Cortes Valencianas,  Juan Cotino, que afirma que la desafección política es la que lleva a apretar el gatillo. Repasen la hemeroteca, verán cómo hay portadas de diarios de tirada nacional y opinadores y contertulios suficientes como para hacer un estudio sociológico de la patología que exhiben algunos a la hora de criminalizar y demonizar a los movimientos sociales surgidos con la crisis.

El PP y el Gobierno han sabido muy bien desviar la atención del verdadero debate. Hoy por hoy, por mucho que se empeñe el ministro del Interior,  Jorge Fernández Díez,  y por mucho que se empeñen muchos dirigentes conservadores, el problema del asesinato de Isabel Carrasco no está en las redes sociales, ni en perseguir a los que allí opinan, ni incluso perseguir a los cuatro descerebrados que postean barbaridades. El problema no está allí. El problema está en que la muerte de Carrasco ha destapado el clientelismo y el amiguismo de instituciones caducas como las Diputaciones Provinciales y, lo que es peor, la creencia que muchos militantes de partidos políticos tienen a la hora de reclamar un puesto en la administración con el único punto a favor de ser ‘uno de los vuestros’, una creencia, por otro lado, alentada en muchas ocasiones por las propias organizaciones políticas.

twitter

Querer regular la actividad en las redes sociales es como intentar ponerle puertas al campo. Hemos dejado en un segundo plano el debate sobre ese clientelismo, que es el verdaderamente importante en este caso, para centrarnos si en Twitter Facebook se amenaza o insulta. Las amenazas, sean en la calle o en las redes sociales, ya están perseguidas por el actual Código Penal. Perseguir posibles delitos o vigilar a los internautas con la excusa de prevenir males mayores únicamente se lleva a cabo en regímenes autoritarios -no olviden el Gran Hermano de George Orwell– o en presuntos regímenes democráticos de muy baja intensidad. En España corremos el riesgo de estar incluidos en ese segundo grupo.

Raúl Tárrega Moya | Periodista |  @RaulTarrega | Creador del blog Desde mi Butaca

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