Pedaleando con Grezzi

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Giuseppe Grezzi, concejal de Movilidad Sostenible y Espacio Público del Ayuntamiento de Valencia, siempre se ha manifestado como un forofo de la bicicleta con un objetivo fundamental, “recuperar el espacio público y disminuir la contaminación, convirtiendo a Valencia en la ciudad en la que más se va en bicicleta de toda España”. En definitiva, lo que siempre ha deseado nuestro concejal de origen italiano es convertir Valencia, según sus propias palabras, en “la Amsterdam del Mediterráneo”.

Como bien expresa el propio nombre de su concejalía,  se trata de contribuir a una  movilidad sostenible y  potenciar el espacio público; o lo que es lo mismo, moverse ecológicamente por un espacio común. Un espacio, que precisamente por ser público, es de todos, de los que residen en la ciudad, de los que llegan a ella, de los que van en bicicleta, andando, en coche o en autobús; de todos. Algo que no se debería de olvidar.

La cuestión está en si con las actuaciones que se están llevando a cabo se disminuye la contaminación y se potencia verdaderamente ese espacio público, porque lo de convertir a Valencia en la Amsterdam Mediterránea, eso ya es otro cantar.

Parece bastante complicado, con un carril menos a disposición de los vehículos, que éstos reduzcan sus emisiones cuando  se vean atrapados en el atasco de turno, bien por las actividades de carga y descarga, por las paradas de los autobuses o incluso por la inevitable doble fila, sobre todo en aquellas calles que han pasado de tener dos carriles a uno, por el acondicionamiento del otro para bicicletas.

De todos es sabido que la circulación lenta y detenida contamina más que la fluida y no cabe ninguna duda de que el número de vehículos que van a transitar por las calzadas con carril bici va a ser el mismo pero en menor espacio; el embotellamiento está garantizado, y el incremento de emisiones también.

Parece bastante complicado también, que el carril bici disuada a los conductores  y propicie la disminución del número de vehículos, incentivando el abandono del automóvil. Desde luego no veo a aquellos que llegan de las poblaciones cercanas pedaleando por las autovías o por el by-pass y tampoco consigo ver al residente en valencia dejar aparcado su vehículo para subirse a la bici; a no ser que ésta dispusiera de un gran maletero, capota para la lluvia, aire acondicionado o calefacción.

Y es que, cómo llevar a los niños pequeños al colegio, a nuestros mayores a los hospitales o consultas médicas; cómo hacer la compra semanal o mensual en los grandes centros comerciales y en los mercados municipales o de comercio tradicional; cómo llegar a nuestro puesto de trabajo en pleno mes de julio cuando lo primero que necesitas antes de sentarte al lado de tu compañero es darte una ducha, o incluso cómo ponerte esos tacones de aguja que tanto te favorecen a la hora de salir de fiesta.

El vehículo, pese a quien pese, se ha convertido en un elemento más de nuestra vida diaria, necesario en la mayoría de los casos. Evitar que contamine depende mucho más de los fabricantes que de los usuarios, y es desde ese punto de vista desde donde debe abordarse el problema. Mientras tanto, la reducción de la contaminación debería de acometerse con medidas complementarias y efectivas, y no con actuaciones individuales sin ninguna  concatenación.

No parece muy acertado diseñar el carril bici sin insertarlo en un plan de fortalecimiento del transporte público, verdadero factor reductor de la contaminación, sobre todo para dar servicio a aquellos que desde fuera entran a la ciudad, máxime tras el desarrollo urbanístico de los últimos años, porque por mucho carril bici que haya, el número de coches que cada día acceden a Valencia va  ser el mismo. Solamente cuando se disponga de un transporte ágil, cómodo y confortable, económico y de elevada frecuencia, el ciudadano comenzará a cambiar sus costumbres, dejando el coche en casa,  considerando la  bicicleta una opción más.

Cuando se ofrezca algo más atractivo a los conductores, cuando existan verdaderas alternativas para desplazarnos con comodidad y rapidez será cuando se comiencen a cambiar los hábitos, principal factor para conseguir una ciudad saludable, puesto que la mera construcción de carriles bici poco ha estimulado, durante los últimos años, el abandono del vehículo privado. ¿Es acaso, el carril bici en calzada, actualmente en construcción, la verdadera alternativa? Tampoco se presenta muy seguro para el ciclista un bordillo discontinuo que multiplica el riesgo de daños personales ante cualquier  caída e incluso la  facilidad con que el ciclista  puede acceder a la vía de circulación de vehículos, con el consiguiente riesgo de graves y mortales accidentes.

Los usuarios de la bicicleta están de enhorabuena, al igual que el señor Grezzi, forofo de la bici, porque cuando termine su mandato tendrá una ciudad diseñada a su gusto, pero a  la espera de que otras medidas, mucho más imprescindibles, consigan una ciudad más saludable. Un deseo de muchos ciudadanos preocupados por el medio ambiente, aunque no puedan o no quieran utilizar la bicicleta, a pesar de que en los tiempos que corren sea lo políticamente correcto.

María José Capilla| @mj_capilla | Foro de Opinión José Luis Sampedro

 

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