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No dormir nos hace confesar mentiras

Uno de los peores métodos de tortura psicológica durante los interrogatorios a detenidos es la privación de su descanso. Un nuevo estudio prueba por primera vez que las personas con falta de sueño son mucho más propensas a firmar confesiones falsas, lo que tiene importantes implicaciones para la práctica policial.

No dormir nos hace confesar mentiras

Una investigación publicada esta semana en la revista PNAS revela una nueva consecuencia negativa de la privación de sueño. El trabajo, liderado por científicos de la Universidad de Michigan (EE UU), relaciona esta carencia con confesiones falsas.

Se cree que entre un 15% y un 25% de las declaraciones en EE UU son erróneas. En investigaciones anteriores ya se había indicado el uso de esta práctica de tortura psicológica en el interrogatorio de sospechosos.

“Esta es la primera evidencia directa de que la falta del sueño aumenta la probabilidad de confesar algo que nunca ocurrió”, afirma Kimberly M. Fenn, autora principal del estudio. “El hallazgo cuestiona el uso de dicha privación en el interrogatorio de sospechosos tanto inocentes como culpables”.

Así, las probabilidades de firmar una confidencia incierta fueron 4,5 veces mayores para los participantes que habían estado despiertos durante 24 horas que para los que habían dormido ocho horas la noche anterior.

Este estudio muestra la primera evidencia de que la privación del sueño aumenta la probabilidad de confesar algo que nunca ocurrió.

Para protegerse contra los efectos nocivos de las confesiones falsas, los expertos recomiendan que los interrogatorios se graben en vídeo para facilitar más información a jueces, abogados y miembros del jurado sobre el estado psicológico de un sospechoso.

Tácticas cuestionables

Las técnicas coercitivas aumentan el riesgo de confesiones falsas, y la privación del sueño pueden ser una táctica bastante común usada durante los interrogatorios. Los expertos estudiaron a 88 estudiantes universitarios en dos sesiones separadas por aproximadamente una semana.

La noche después de la segunda sesión, la mitad de los participantes durmió durante 8 horas en el laboratorio, mientras que la otra mitad se mantuvo despierta durante toda la noche. Por la mañana, a todos los sujetos se les pidió firmar una declaración falsa alegando que el participante había presionado la tecla ‘escape’ –algo de lo que estaban avisados que podría causar pérdidas de datos– durante la primera sesión.

Después de una sola solicitud, la declaración fue firmada por el 18% de los participantes descansados ​​y el 50% de los privados de sueño. Según los autores, los resultados sugieren que la privación del sueño puede comprometer la fiabilidad de los interrogatorios y podría suponer un aumento de condenas erróneas.

“Una confesión falsa de culpabilidad puede tener consecuencias desastrosas en un sistema legal ya cargado de fallos”, concluyen los autores. “Tenemos la esperanza de que nuestro estudio sea el primero de muchos por descubrir los factores relacionados con el sueño que influyen en los procesos declarativos”.

Artículo de Sinc |


 
 
 

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