Manu Brabo: “No ha habido una generación de periodistas tan buena como esta desde hace muchos años”

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El fotoperiodista Manu Brabo visita Valencia para participar en el festival de fotografía PhotOn. Ganador de un Pulitzer 2013 de fotografía, Brabo acapara todos los ‘flashes’ desde que aterrizó de nuevo en España tras su trabajo en Siria. Aprovechando su breve estancia en Valencia, Brabo ha concedido una entrevista a Hortanoticias.
Música ‘hardcore’ en un móvil sin auriculares, charlas, risas y el zumbido de un tren entrando en la estación. El traqueteo de una maleta en el andén, el ruido mecánico de las escaleras automáticas y algún taconeo esporádico. Es la estación de Metro de Colón donde decenas de personas entran y salen cada pocos minutos, ajenos hoy a la presencia, tan sólo unos metros más arriba, del fotógrafo Manu Brabo, 32 años, natural de Gijón y premio Pulitzer 2013 de fotografía junto a cuatro compañeros de la agencia Associated Press por su cobertura del conflicto sirio.

Nos encontramos con él en la sala Lametro que acoge estos días una exposición de fotografías de guerra dentro del festival PhotOn. Viste de oscuro, los asientos son de madera oscura y la moqueta del suelo es negra. No hay luz solar, tan sólo nos alumbra el foco de una cámara fotográfica que registra el momento de la entrevista y la escasa iluminación que enfoca las imágenes colgadas en las paredes.

Poco debe asemejarse este escenario al que el fotógrafo ha estado acostumbrado en los últimos dos años cubriendo conflictos armados en Oriente Medio, donde volverá próximamente para continuar su trabajo. Bueno, como él dice, ahora está en su periodo vacacional y en eso consisten precisamente las vacaciones, en cambiar de aires… y de sonidos.

Hortanoticias: ¿Qué ha significado recibir el Pulitzer tanto en lo personal como en lo profesional?

Manu Brabo: De momento, muchas entrevistas, es lo único que te puedo decir. Entrevistas, correos, gente que quiere fotos gratis… eso lo produce a toda hostia. Y profesionalmente, como esto me ha pillado en un periodo vacacional no te puedo decir que me haya… supongo que influirá. Yo espero que sea un empujoncito, un empujoncito que hay que aprovechar para seguir currando. De rentas no voy a vivir, el Pulitzer ya lo han dado, las fotos ya las he hecho. De esas fotos no voy a vivir porque pertenecen a la agencia así que voy a tener que seguir produciendo. Lo único que espero es que sea un empujón para poder producir más y mejor.

H.: ¿Cuál será tu próximo destino?

M.B.: Pues tengo que hacer una mudanza a El Cairo porque me voy a marchar allí y luego me voy a hacer las elecciones en Irán si me dan la visa para periodista que espero que sí, que no haya problema. Y luego ya veremos. En un principio, la idea es cubrir Oriente Medio durante una temporada. La verdad que me parece que es un sitio ahora mismo que es un ‘hot point’, un punto caliente, y lo va a seguir siendo muchos años. Y, bueno, yo que sé. Poco a poco he ido cayendo en las redes del arabismo y me interesa mucho seguir un poco las historias por ahí y, bueno, más o menos, esos son los planes pero, si alguien me ofrece pirarme a otro sitio a hacer un reportaje, no le voy a decir que no porque no sea ahí.

H.: ¿Cómo es la dinámica de trabajo de ese grupo de fotógrafos en un conflicto como el de Siria?

M.B.: Pues no lo sé, yo te puedo hablar de la mía. Con el grupo de fotógrafos he coincidido alguna vez en campo y tal pero, normalmente, si coincides con ellos no estás cubriendo la misma historia. No vamos a estar dos fotógrafos de la agencia haciendo la misma foto, ¿no? Pero te puedo contar la mía que básicamente es igual que cuando curras aquí: te levantas por la mañana, no te duchas porque no hay agua, desayunas lo que buenamente puedes y, bueno, pues normalmente te vas a buscar la historia, si la tienes ya buscada te vas a empezarla, si no, pues, yo qué sé, te vas con un colega: “Oye ¿Dónde vamos hoy? –Pues vamos al frente tal –¡Hostia! A mí me están pasando una… -Pues vamos al frente cual…” Eso está lleno de historias ahora mismo así que no, no resulta muy complicado. Lo único que tienes que hacer es salir a la calle, patearla y encontrar la historia y trabajar sobre ella. Y, bueno, pues nada, tratar de tener el culo a salvo y llegar a casa para editar, mandar las fotos, cenar… lo mismo, lo mismo que aquí.

H.: Al final de una jornada de trabajo, ¿qué porcentaje hay de preparación y qué porcentaje hay de ‘suerte’, de estar en el momento justo en el lugar indicado?

M.B.: La suerte hay que buscarla. La suerte no viene a buscarte. A veces sí, ahí está el Pulitzer para demostrarlo. La suerte influye muchísimo en el trabajo pero lo cierto es que si no estás ahí, no la pillas. Y lo mismo influye la suerte que la mala suerte. Te vas a un sitio pensando que es la leche y de repente, yo qué sé, te topas con el guerrillero que tiene mala hostia ese día y no te deja pasar. Quiero decir, es algo que está ahí siempre y más en esas situaciones. Y ya tienes la suerte de tu trabajo, la suerte de que te metan un tiro o no te la metan… muchas ‘suertes’.

H.: Roland Barthes, por ejemplo, y Susan Sontag, en el libro sobre fotografía, dicen que a veces el fotógrafo busca el relato pero el relato también lo construye el lector, ¿no?

M.B.: Claro, si yo te pongo las fotos en un orden y esa es mi interpretación, yo te quiero contar una historia pero, ¡hostia!, quiero decir, al final, el receptor de las historias y su propia experiencia es el que le va a ayudar también a construir… quiero decir, para mí es una historia porque yo he estado allí y he visto lo que hay, tengo un background. Pero esa gente tiene… yo que sé, para ti [se dirige al periodista] esas fotos no son lo mismo que para un señor que haya vivido la Guerra Civil en España. Entonces, con eso… esa es la parte incontrolable de mi trabajo final. Esa parte ya no la puedo controlar, no puedo inducir a la gente…

H.: Pero la foto también se construye con la mirada del otro…

M.B.: Sí. Esto es un trabajo entre tres personas: el fotógrafo, el que sale en la foto y el que va a ver la foto después. Y, entre esas tres personas, se van a construir relatos similares pero nunca va a ser el mismo y eso depende de la experiencia personal de la persona y de mogollón de cosas.

H.: ¿Haces siempre lo que tú crees, lo que tú quieres, o te dejas influir por dónde se va a publicar la foto?

M.B.: No, porque yo no sé en qué medio se va a publicar la foto. Yo lo mando a la agencia y luego los medios deciden. Yo procuro hacer mi trabajo lo mejor posible cada día, meterle ilusión, ser abierto, sobretodo, porque aquí hay que aprender mogollón de cosas y siempre estar rodeado de compañeros que te pueden enseñar algo. Hasta un tío que acaba de llegar hace dos horas y son sus primeras dos horas en la guerra te puede enseñar algo y, creo que esa es la manera para este trabajo y para cualquier otro: ser abiertos al aprendizaje y a que la gente nos enseñe y a bajarse un poco de la parra esta del orgullo porque si no, no progresamos.

H.: Con la crisis económica sumada a la ya característica crisis del periodismo, ¿crees posible conseguir un equilibrio entre la calida de la información y la rentabilidad económica?

M.B.: Yo es que no creo que haya una crisis del periodismo, yo lo que creo es que hay una crisis de los medios y de la gente que dirige los medios. Es decir, el periodismo, yo conozco en este país, ¡joder! pues yo creo que no ha habido una generación de periodistas tan buena desde hace muchos años. Generación de decir: “¡Hostia! Tenemos cuatro, siete, diez, doce fotógrafos o periodistas que están por el mundo contando historias y lo están haciendo al primer nivel”. Yo me acuerdo del libro ‘La Tribu’ de Leguineche y luego han venido generaciones esporádicas como la de Santi Lyon, Gervasio y tal y, bueno, ahora viene otra hornada que está de puta madre desde mi punto de vista. No es porque yo pertenezca a ellos porque yo, mi curro, no pienso valorarlo pero sí que valoro el de mis compañeros y son una gente de puta madre. ¿Para mí cuál es el problema? Pues que ahora mismo los empresarios que llevan los medios de comunicación, lo mismo te venden noticias que te venden patatas fritas porque son simplemente empresarios, lo único que miran es la puta rentabilidad. Pero no la rentabilidad para vivir, sino esta gente, en medio de la crisis, quiere seguir manteniendo los mismo privilegios que tenía antes. No se quieren privar de una puta comida empresarial aunque se gasten lo que me pueda gastar yo en un mes o en quince días en Siria, ¿no? Quiero decir, hasta que no destronemos a esa gente y, y, sobretodo, la gente joven tiene que empezar a buscar maneras, quiero decir, tenemos unas tecnologías de la hostia, puedes hacer un ‘yo me lo guiso, yo me lo como’ y la gente joven tiene que empezar a buscar un poco las vías de consumir periodismo, ¿no? Quiero decir, ya no se puede consumir periodismo a la antigua usanza, no puedes estar tiranizado por la gente que te pone la publicidad… todas estas cosas cambian. Si ahora tienes la oportunidad de hacer un ‘crowdfunding’ para lanzar un número trimestral, ¡Hazlo, joder, hazlo! Que no te marque Rolex lo que tienes que poner o no tienes que poner, que no te lo marquen esos hijos de puta que se van de comidita en un BMW5, ¿me entiendes? Que les den por el culo a todos. Y ellos ya nos están dando por el culo. A mí no, porque ahora mismo estoy currando pero ¿cuánta joven está por ahí tirada que seguro que lo valen? Coño, tío, guisátelo y cómetelo tú solo, empieza algo y, si nos hemos equivocado, joder, nos hemos equivocado, no lo vamos a hacer peor que ellos. No se puede hacer peor. [Reflexiona unos segundos] Creo que no me van a dar trabajo.

H.: Has mencionado las nuevas tecnologías y, en la era digital, están surgiendo muchos medios digitales, en ese panorama ¿qué futuro tiene el fotoperiodismo? Me refiero a cuestiones como las copias ilegales, la piratería, los derechos de autor…

M.B.: Joder, eso ha existido siempre. Yo tenía copias de Cartier Bresson en mi casa. Las tenía ahí colgadas en mi habitación y no venía Cartier Bresson a tocarme los cojones: “Me debes 100 euros”. No, joder. Siempre ha existido, siempre existirá y, bueno, es el periodo que tenemos ahora. Tú cuando publicas… es que no lo sé, son objetos de consumo en realidad. Yo no estoy… quiero decir, para determinadas historias, no sé, me piden una exposición, pues sí, vamos a cobrarla, ¿me encargas un trabajo? Sí, vamos a cobrarlo, ¿quieres publicar este trabajo? Sí, lo cobramos. Pero no puedo evitar que la gente se meta en mi página web, coja las fotos y, en un momento dado… lo único que sé seguro es que, al estar en baja resolución, ese señor no va a poder luego tratarlas como mercancía y venderlas como si fueran suyas que es lo que me puede preocupar. A mí que la gente tenga mis fotos en su casa, pues, ¡Joder, mira qué halago!

H.: Y, por último, te quería preguntar, al hilo de esas herramientas digitales, por la polémica de la fotografía ganadora de este año del World Press Photo.

M.B.: Mira, no tengo elementos de base, no tengo la información suficiente como para ponerme ahora a destripar el trabajo de ningún compañero. He tenido la oportunidad de conocerlo ahora brevemente en Ámsterdam en el World Press Photo y me parece un chaval muy íntegro y muy comprometido con su trabajo. De hecho, la primera foto que publica él no está tan tocada, la han tocado especialmente para el World Press Photo. Es decir, la imagen no se compone de tres imágenes. Lo que ha hecho es trabajarla con el Photoshop. Si ha hecho alguna cosa que está fuera de las reglas pues no entiendo porque lo ha hecho porque la foto, por si misma, era suficientemente buena como para tener que meterle pinturitas y tal pero, bueno, también entiendo que el World Press Photo, antes de que se monte toda esta polémica, en vez de pedir el ‘raw’ tres meses después, si tu crees que hay algún tipo de movida, pues puedes pedir el ‘raw’ antes de dar el premio y así no haces pasar al fotógrafo por esto, porque el pobre chaval seguro que lo está pasando de puta pena porque además la gente… la gente es muy hija de puta [duda unos instantes de lo conveniente de la afirmación pero se reitera] Da igual, la gente es muy cabrona. Ahora resulta que hay que cebarse con el tío, no sé qué, no sé cuántos… No, ha pasado unos filtros, hay un jurado que son profesionales de la fotografía, está la cúpula del World Press Photo que también es gente que está muy en contacto con el mundo de la fotografía y, si eso lo ha pasado, tampoco vamos a torturarle al chaval. Pero bueno, para mí los límites están. Yo tengo unos límites éticos a la hora de retocar mi trabajo pero lo que no puedo pedir, es decir, a mí me encantaría que la gente se mantuviera ahí, pero cada uno tiene su ética y tal. En el World Press Photo hay unas normas, si no las has cumplido, pues igual te tienes que ir a la puta ‘rue’ pero también entiendo que antes de llegar a este punto en el que toda la presión mediática esté en ese paisano, pues si tiene dudas, el World Press Photo tiene que pedir el ‘raw’, tiene que hacer el análisis antes de dar el premio porque, hostia, incriminar a alguien, yo qué sé. Aunque la haya cagado él, aunque haya querido hacer trampa, pero cuando te descubren pasas vergüenza y hacer pasar a nadie por este rollo… La verdad es que este año se han cubierto de mierda con el World Press Photo. © Hortanoticias/Celia Dubal/Jimmy Entraigües

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