La llamada interior

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Hay una conversación que se repite, sistemáticamente, en los últimos 10 años entre mi círculo de amigos y conocidos. La transcripción literal es ésta: ‘No soy feliz en mi trabajo. Tengo una pasión alternativa que de momento no me da de comer pero me motiva mucho más. Me encantaría dedicarme a ella pero no sé cómo hacerlo’. Y, con estas palabras, se deja pasar un año. Cinco. Diez. Y el quemazón laboral es insoportable.

Me ha pasado ya demasiadas veces para que sea casualidad, porque yo también lo viví antes de decidir establecerme como trabajador por cuenta propia con ‘oficina’ en casa: hay un momento en el que sabes que te quieres ir. Es más, hay un momento en el que sabes que te vas a ir. No tienes idea de cuándo ni de cómo, pero está en tu plan de vida. Es la ‘llamada interior’.

La diferencia estriba en dos aspectos: ser capaz de tomar la decisión (evaluando los riesgos pero no sobredimensionándolos) y hacer cosas para que eso ocurra. El deseo no es suficiente, como no lo es pensar que quieres ser millonario para conseguirlo.

La primera parte es la más difícil por razones obvias, pero es la que paraliza y te quita años de vida. Tal cual. Creemos que estamos estables en un lugar, cuando nos pueden despedir mañana. Que quizá no facturemos lo suficiente como freelance, cuando sin apenas esfuerzo ya hemos dado los primeros pasos. Que no hay trabajo en eso que nos gusta, cuando estamos en la era donde uno puede inventarse su laboralidad. ¿Quién quería ser Youtuber hace 10 años y lo creía posible? Hoy ocho de cada diez niños aspiran a serlo o a profesionalizarse en los eSports. ¿Cuánto dinero gana más una blogger que tú, disfrutando de su tiempo y transmitiendo aquello que le encanta?. ¿Cuánto factura Hawkers, que fue fundada por tres chicos menores de 30 años para vender gafas por internet? Yo os lo digo: 20 millones al año y subiendo.

La segunda debería ser más sencilla, pero exige un plan. Si estás en una oficina determinada de un sector determinado con una gente determinada de tu mismo status y titulación, no vas a tener JAMÁS una oportunidad diferente. Pero, por ejemplo, ¿cuántos amigos tuyos no saben exactamente a qué te dedicas y se lo explicaste cabreándote con ellos porque habían contratado a alguien de tu perfil? ¿Con cuánta gente has dicho que tomarías un café y no lo has hecho? Son personas de ámbitos distintos, con visiones opuestas, con posibles ideas para oportunidades de negocio.

El último caso me ha sido muy cercano. Y, para algunas personas (no para mí, por haberlo visto en infinidad de ocasiones) muy chocante. Un amigo mío trabajaba en una de las mejores multinacionales deportivas del mundo. Había conseguido conjugar las dos cosas que le motivaban. Pero al quinto año se dio cuenta de tres verdades: que ya no iba a crecer más, que por mucho que vendieran innovación no le tenían en cuenta para iniciativas de esa índole que seguramente les habrían reportado beneficios y que había dejado de identificarse con los valores que en sus primeros meses defendía como si la empresa fuera suya.

La clave es: ¿qué hizo? Apuntarse a dos Masters para reciclarse hacia la zona donde todo el mundo le decía que era bueno: desarrollo de negocio. Cursándolos además viernes por la tarde y sábado por la mañana para conciliar en la medida de lo posible. Amplió sus competencias. Conoció gente nueva. Se dejó ver entre directivos de otros negocios. Y, en menos de un año, cambió a un puesto mejor, tanto a nivel de remuneración como de motivación. Fichado por uno de sus compañeros de curso.

Lo curioso es que el sector empresarial al que se ha dirigido no entraba en sus planes y ni siquiera le llamaba la atención. Pero, hoy día, no es tanto la empresa en la que trabajas sino cómo te dejan trabajar en ella y el ambiente, las condiciones y la flexibilidad que te ofrecen.

Un último ejemplo: un arquitecto reconocido a nivel europeo me dijo que nunca se presentaba diciendo a qué se dedicaba, porque eso limitaba la conversación y en ocasiones las posibilidades de negocio. Tanto es así que muchos de sus últimos contratos han venido firmados bajo la premisa de ‘Creatividad’ y no de ‘Diseño de casas’.

Como dice un amigo, somos mucho más que aquello en lo que trabajamos. Y hoy, por primera vez en la historia de la humanidad. podemos inventarnos nuestra forma de trabajar. Lo que no tiene cura todavía es la muerte, así que seguiremos dejando este mundo (salvo que Google lo evite :-). Y, como dice el gran Carl Honoré ‘en su lecho de muerte, nadie piensa por qué no pasó más tiempo en la oficina’.

David Blay | @davidblaytapia | Periodista | @PasarelaCom

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