La Bicicleta de Náquera, redecorando la cocina tradicional

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Hay un hashtag recurrente en las cuentas ‘foodies’ de Instagram en Valencia: #hayvidafueradeRuzafa. Vida gastronómica, se entiende. Vida maravillosa. Y es que, cada vez más, se apuesta por los barrios periféricos y los municipios cercanos para abrir locales donde la calidad y el mimo al producto son los protagonistas. Hace unos días pudimos disfrutar de una de esas apuestas por llevar la oferta gastronómica de calidad fuera de los confines del barrio de moda.

(Foto: @siskoestelles)

La Bicicleta de Náquera es un restaurante ideado y ‘ejecutado’ por Hugo Royo y Santi Puigmoltó. Antiguo bar ubicado a la entrada del municipio desde l’Horta Nord, lugar de paso de miles de aficionados a las dos ruedas que realizan diariamente esa ruta en bicicleta, ha sido remozado por completo y convertido en un restaurante con salón interior y amplísima terraza exterior, con aparcamiento propio.

Hemos venido a comer, lo sé, pero me disculparán si hago un alto para intentar describir lo que vemos al llegar. La Bicicleta está enclavado en un entorno agreste. Huele a bosque mediterráneo, estamos en un pueblo de montaña y el exterior del local parece ideado para que no perdamos eso de vista. Suelo de madera –que huele a madera- a modo de pista de baile, coronado por una guirnalda de bombillas que de noche confieren a la zona un aspecto de ‘verbena’ típica de las fiestas del pueblo. De nuevo, han sabido utilizar su ubicación en su beneficio: estamos aquí porque queremos estar aquí y porque nos gusta lo que hay aquí.

(Foto: @siskoestelles)

Al fondo, otra zona cubierta con grandes mesas grandes y sillas todo en tonos madera y colores pastel. La Bicicleta es fotografiable en cualquiera de sus rincones. Fue el lugar escogido para tomarnos el café de después de comer y, si el deber no nos hubiera llamado -insistentemente-, hubiera sido el lugar donde pasar una sobremesa entrañable regada con los pacharanes de después.

(Foto: @siskoestelles)

El interior del local está decorado siguiendo la misma línea: colores pastel, madera, blanco, lámparas que simulan fibras naturales… combinación que casa a la perfección con la invitación a la ‘slow life’ que guía toda la experiencia gastronómica en La Bicicleta.

(Foto: @siskoestelles)

Ya nos sentamos a la mesa. No se impacienten. Éramos diez comensales, comunicadores, bloggers y ‘foodies’ reconocidos, invitados por los responsables del local para presentar su nueva apuesta (La Bicicleta abrió sus puertas a finales del pasado mes de junio).

(Foto: @siskoestelles)

Nos obsequiaron con platos tan clásicos como suculentos: un ajoarriero, típico de las zonas de interior; una ensaladilla untuosa y unas croquetas de jamón y boletus. Estas últimas, un absoluto acierto pues, una vez más, consiguen ofrecer al comensal todo el sabor del terreno. La transición hasta el plato principal vino de la mano de unos mejillones, limpios y sabrosos, que no se nos olvide que el mar está a escasos 15 kilómetros de aquí y que seguimos en Valencia, cuna de arroces y de productos marineros.

(Foto: @siskoestelles)

Y así llegaron los platos principales: una tradicional paella de pollo y conejo coronada con una ramita de romero (de nuevo el bosque mediterráneo copando los sentidos: vista, olfato y gusto) y una fideuà tradicional, de fideo fino y con todo el sabor que se espera de un plato capaz de liderar la gastronomía valenciana. De postre, fruta y tarta para los más golosos. Final en alto.

En la puerta del restaurante da la bienvenida a los comensales una vieja bicicleta oxidada, preludio de lo que encontrarán en el interior: una cocina que recupera lo clásico, sin pretensiones más allá que la de dar de comer bien a sus clientes, con productos de calidad y cocinados al estilo tradicional. Si esas dos ruedas siempre nos han llevado a buen puerto, ¿por qué abandonarlas?

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