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Inútiles y sinvergüenzas

Juan Pedro Fernández Moltó, ex presidente de Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha la primera caja de ahorros quebrada en España, se ha exculpado del hecho diciendo que él solo era como “la reina madre” de la entidad y que su papel se reducía al de un “animador sociocultural”.

Juan Pedro Hernandez Mateo. CCMM

En su desfachatez, al menos ha tenido la inteligencia de no pretender que “carecía de conocimientos financieros, jurídicos y contables”, como arguyó Juan Pacheco, un jubilado que fue consejero de la también desaparecida CAM. Difícil tenía semejante argumentación en su caso, siendo él economista de la Complutense y Oxford y portavoz del PSOE en el comité de economía del Congreso de Diputados.

No se sabe, no obstante, cuál de ambas justificaciones es peor: la de estar en un puesto para el que no se tiene capacitación alguna, o la de poseerla, pero dedicarse a cobrar sin ejercer sus conocimientos. Porque cobrar sí que han cobrado unos y otros: los inútiles y los sinvergüenzas, todos ellos parásitos de una sociedad a la que han chupado la sangre en su propio beneficio.

Esto último hay que subrayarlo, ya que muchos presidentes de las malhadadas cajas de ahorros (como Miguel Blesa, de Caja Madrid, o José Luis Olivas, de Bancaja) llegaron al cargo con una mano delante y otra detrás, por así decirlo, y salieron de él más que millonarios, gracias a la información económica privilegiada de que dispusieron, a las generosas retribuciones que se autoconcedieron y al vaciamiento sistemático de las arcas de sus entidades respectivas.

Por eso, el que ellos y bastantes otros sigan manteniendo fortunas dudosamente adquiridas mientras que muchos que les confiaron sus ahorros se hayan visto privados de ellos es una injusticia de tomo y lomo más allá del reproche penal que pueda alcanzarles.

Enrique Arias Vega | Escritor, periodista y economista | @enrarias


 
 
 

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