Guía práctica para detectar al perfecto incompetente

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beamunoz

Quizás habéis pensado muchas veces que vivís rodeados de incompetentes. Y seguro que es cierto, hay mucha gente así. Yo también lo soy en ciertos momentos de mi vida, la verdad.

Pero, en una época de crisis económica, social y empresarial como la que vivimos, aprender a tratar la incompetencia, empezando por admitirla, es una necesidad y una obligación que nos urge corregir.

Casi todos, en el colegio o en la universidad, hemos tenido la oportunidad de aprender muchísimas cosas, todas muy útiles: matemáticas (bueno, yo no muchas porque no me gustaban), lengua, literatura, marketing, microeconomía, macroeconomía, derecho… Sin embargo, tengo la sensación de que ha faltado, posiblemente, una de las asignaturas más importantes de la vida: enseñar a comunicarnos adecuadamente.

Solución ante incompetentes : decirles ‘Háblale a la mano’
Solución ante incompetentes : decirles ‘Háblale a la mano’

Y es que creo que la mala comunicación (o la ausencia de ella) es uno de los factores esenciales de que existan personas incompetentes. Grandes pensadores como  Robert J. Sternberg,   Jürgen Habermas o  Daniel Goleman han dedicado mucho tiempo a este tema.  Por eso, aprovechando las enseñanzas de estos tres grandes genios, podemos delatar,  entre todos, al perfecto incompetente. He aquí unas pistas a modo de pequeña guía:

  1. Se cree un ser único e irrepetible. Vamos, casi un Dios. Piensa que nadie, más que él, tiene algo que aportar y decir. Y lo expresa con frases como, por ejemplo, “Voy a hacer esto porque si no lo hago yo, nadie lo hace”; “Llevo mucho tiempo dedicándome a esto y sé de lo que hablo” o “Hazlo bien, hazlo como yo”. También con coletillas del tipo: “¿me entiendes?”,  “¿sabes lo que te quiero decir? “; “te lo digo de verdad” o “y esto es así”.
  2. No hay nada que le guste del resto de las personas. Nunca ve virtudes en los demás ni cosas buenas. En el caso de que las detecte, tampoco las dice, se las calla. Con lo cual, su relación comunicativa con el resto de los mortales, casi siempre, es difícil y escasa.
  3. Siempre está criticandoY, por regla general, a espaldas de la gente. Su debilidad son las puñaladas traperas. Y, aunque sea verdad lo que esté diciendo y tenga razón en lo que esté haciendo, su comunicación con los demás nunca es fluida, sino más bien espesa.
  4. El lenguaje positivo nunca pone en peligro la comunicaciónNunca es positivo cuando utiliza el lenguaje. Lo que denota que no hay deseo sincero en él de mejorar, de crecer, de cambiar o de asumir responsabilidades. Además, sonreír y crear buen rollo son verbos que casi siempre desconoce. Y, desde luego, hoy en día lo que nos hace falta es gente alegre que arrastre como un imán al resto de la gente.
  5. Hiere el orgullo de los demás ¡Importantísimo! En este caso, estamos ante unincompetente premium. Se comunica humillando, por lo tanto, quien lo escucha, al sentirse golpeado, siente la necesidad imperiosa de defenderse. Y así es imposible, o casi imposible, entablar una comunicación sincera y generar feedbackcon el sujeto.
  6. Y, la última,  siempre abre la boquita antes de escucharNunca hace que su interlocutor se sienta importante y esto,  aunque suene paradójico, es uno de los secretos imprescindibles de los buenos conversadores, ésos que me gustan tanto a mí.

En conclusión, que en esta vida es muy importante que dediquemos tiempo a reflexionar sobre cómo nos comunicamos con los demás si no queremos ser unos incompetentes de tomo y lomo. El éxito de los competentes, y lo digo muy en serio, está en la comunicación. Éste será siempre su factor diferencial.

¿Nos animamos a acabar con la incompetencia?

Bea Muñoz
Periodista y gestora de redes sociales – Colaboradora en el blog Comunicación de Resistencia

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