Expertos alertan de que la excesiva contaminación lumínica del Parque Natural del Turia amenaza su biodiversidad

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El Parque Natural del Turia, que se distribuye en varios términos municipales incluidos los de Manises y Paterna, sufre una “excesiva” contaminación lumínica, muy superior a la recomendable para mantener su biodiversidad y las condiciones necesarias para la observación del cielo nocturno. Los principales causantes son los polideportivos municipales e infraestructuras como el puente entre Manises y Paterna.
Así se desprende del estudio realizado por los investigadores de la Universitat de València Enric Marco y Ángel Morales presentado en el IV Simposio Internacional de Parques con Cielo Oscuro celebrado en el Parque Astronómico del Montsec, en Catalunya, en el que se trato este problema tanto de Europa como de América del Norte.

Enric Marco, del departamento de Astronomía i Astrofísica, y Ángel Morales, del de Química Analítica, además de representante de las universidades públicas valencianas en la Junta Rectora del Parque Natural del Turia y presidente de la Coordinadora en defensa de los Bosques del Turia, destacaron que los puntos de máxima contaminación lumínica son los polideportivos públicos de Paterna, Manises y Riba-roja, monumentos como el puente de Vilamarxant o la iglesia de Riba-roja e infraestructuras como el aeropuerto de Mansies y las zonas industriales y de servicios de la autovía A3 y la pista de Ademuz.

El estudio determina que la zona más próxima de este espacio protegido a la ciudad de Valencia sufre especialmente una iluminación excesiva mientras que hay otros puntos críticos dentro del parque como el Azud de la Acequia de Moncada, la depuradora de aguas residuales Camp de Túria 2, los puentes que atraviesan el río como el que une Paterna y Manises y la parte de un camino agrícola en Masia de Traver.

De hecho, según explicó Marco, “todos estos puntos brillantes se pueden ver, incluso, en una fotografía tomada desde la Estación Espacial Internacional el pasado febrero por el astronauta italiano Nespoli”.

Por su parte, el fondo del cielo al bosque de la Vallesa es 22 veces más luminoso que la montaña del Montsec, donde se llevó a cabo el congreso, una de las zonas más oscuras de Cataluña. Del mismo modo, el espacio más oscuro del Parque Natural del Túria, el bosque de la Pea, en Vilamarxant, es 3, 8 veces más brillante que el Montsec.

Un año de investigación

La contaminación lumínica es un fenómeno causado por el alumbrado que envía luz hacia el cielo. El polvo atmosférico y las nubes devuelven parte de esta luz excesiva hacia la Tierra y, en consecuencia, el cielo se hace brillante y las estrellas quedan invisibles.

Desde hace más de un año, la Universitat de València está estudiando el Parque Natural del Túria y su entorno para identificar las fuentes de contaminación lumínica pero, además, desde hace unos meses se han desarrollado varias campañas de medida de la brillantez del cielo. Para este propósito se utiliza un instrumento portátil estándar de medida de contaminación lumínica (SQM-L) que permite obtener datos rápidos y homologables.

“Para la realización de las medidas nocturnas de la luminosidad dentro del Parque hemos contado con la ayuda y colaboración de la Oficina Técnica del Parque Natural del Túria, de la Conselleria de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente, a la vez que hemos de agradecer el permiso del Ayuntamiento de Paterna para la utilización de la torre de vigilancia del bosque de la Vallesa”, comenta Morales.

Control del alumbrado público

Los expertos de la Universitat de València recomiendan a las autoridades la incorporación de alumbrados que no lancen luz con un ángulo mayor de 0º, es decir, sobre la línea del horizonte, como también el control de la luz excesiva y el consumo energético de vías urbanas e interurbanas, monumentos, centros deportivos y escolares, infraestructuras, etc. De hecho, “los científicos reunidos en el Montsec instaron a los gobiernos a apagar los luces monumentales entre la medianoche y la salida del Sol”, apunta Morales.

Por otra parte, los especialistas consideran que, en ningún caso, se debe de utilizar luz blanca o azul. Según Ángel Morales, “es un gran atractivo para los insectos y modifica el comportamiento de toda la cadena trófica. Además, estas luces suprimen la producción de melatonina, hormona que se encuentra en todos los organismos vivos, la concentración de la cual varía con el ciclo día/noche. Su síntesis en la glándula pineal es muy sensible a cambios en la iluminación ambiental nocturna y su déficit puede producir efectos psíquicos como por ejemplo insomnio y depresión”.

En cuanto al tipo de luz, los científicos apuestan por aquellas más cálidas, amarilla o naranja, frente a la blanca y azul, más fría. Por este motivo, mostraron su preocupación ante la proliferación de iluminación por LED, la cual es, habitualmente, blanca o azul.

El departamento de Astronomía y Astrofísica ya alertó sobre la degradación del Parque del Túria, con 4.692 hectáreas repartidas entre las comarcas de l’Horta, el Camp de Túria y los Serranos, el pasado otoño en un informe presentado a la Junta Rectora del espacio protegido sobre las causas y los efectos de la contaminación lumínica del cielo nocturno del parque natural.

Ahora, el estudio se encuentra reforzado por la identificación de todos los puntos de luz principales de contaminación, con un gran número de medidas y adelanta las posibles soluciones al gran problema ambiental. La Facultad de Ciencias Biológicas de la Universitat de València presentó también otro informe dónde especificaba los efectos de una iluminación excesiva sobre la fauna y flora del parque natural.

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