Entrometerse en los países de otros

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nicolas maduro

Nicolás Maduro acusa a España y Estados Unidos de alentar un golpe de Estado en Venezuela. También el primer ministro griego, Alexis Tsipras, incrimina a Portugal y España de intentar derribar su Gobierno.

Ya son ganas, ya, de atribuir a nuestro Gobierno una capacidad que no tiene y una fuerza de la que carece.

Por otra parte, el argumento de que no hay que inmiscuirse en los asuntos de otro país no es más que un cuento del derecho internacional. Ahí tenemos, si no, lo de Ucrania, donde primero intervino la UE en la llamada revolución de Maidán contra Yanukovich, y luego Rusia, en sentido opuesto, apoyando el secesionismo del Este del país. Años antes, la OTAN había propiciado la independencia unilateral de Kosovo, desgajándolo de Serbia.

O sea, que lo de entrometerse o no en asuntos ajenos está bien o mal según quién lo haga y dónde. Los múltiples casos, desde Afganistán a Irak, pasando por Libia o Somalia, ilustran bien a las claras este principio.

Tampoco hay que olvidar, por supuesto, que han sido las presiones exteriores, como el boicot internacional en su día a Rhodesia y África del Sur, las que afortunadamente acabaron con el apartheid que sufrían los negros en ambos países. Y, visto retrospectivamente, mucha gente lamenta que no hubiese habido en su día una reacción internacional contra Hitler antes de que éste fuera lo suficiente fuerte para masacrar a Europa.

Por eso mismo, por la impunidad de regímenes ominosos y su conculcación constante de los derechos humanos, entró en vigor —aunque sea parcialmente y con enormes limitaciones— la llamada justicia universal. Lamentablemente, ésta sigue siendo aún una quimera y en una gran parte de países la democracia brilla por su ausencia y sus gobernantes cometen cada día las mayores tropelías.

Enrique Arias Vega | Escritor, periodista y economista | @enrarias

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