El Hospital de Manises lleva a cabo la primera terapia de deshabituación tabáquica

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El Hospital de Manises ha puesto en marcha la primera terapia de deshabituación tabáquica para empleados y pacientes que, desde marzo y durante un año, trabajará la motivación de los asistentes para enfrentarse a la abstinencia. Un 60% de los asistentes al tratamiento, que consta de doce sesiones de dos horas cada una, ya han dejado de fumar.

Se trata de tratamientos cognitivo-conductuales, es decir, se trabaja con pensamientos y hábitos. Así, se refuerza positivamente la conducta y se dota a los usuarios de las herramientas necesarias para manejar el temido ‘mono’.

“Lo que intentamos es que los asistentes sean capaces de cultivar la autorregulación y el autocontrol. Que aprendan, sobre todo, a controlar el deseo de fumar”, ha asegurado Lorena Alonso, psicooncóloga del Hospital de Manises.

Entre los temores a los que se enfrentan los fumadores cuando tratan de dejar el hábito se encuentran el miedo a no saber manejar el síndrome de abstinencia, creer que no serán capaces de dejarlo, la ansiedad, la falta de habilidades para manejar las emociones que pueden derivar en recaída o engordar.

“La dificultad para dejar de fumar estriba, principalmente, en que es una adicción y, como tal, se ha ido tejiendo en el día a día de los consumidores hasta convertirse en un hábito. De esta forma, las personas acaban fumando por automatismo y por eso es tan difícil conseguir cambiar su conducta”, ha explicado Alonso.

Desde el Hospital, han señalado que aceptar que existe y existirá el deseo de fumar como parte del proceso consigue grandes mejorías en los asistentes a las terapias.

La psicooncóloga ha remarcado que “los propios participantes expresan que el tiempo de duración de este deseo es de unos dos minutos como máximo. Tiene un punto álgido, que decrece enseguida. Con el paso del tiempo, además, este pico aparece con menor frecuencia y menos intensidad”,


Y ha asegurado que para dejar de fumar es importante pensar en las recompensas de abandonar el tabaco.

En este sentido, ha explicado que “20 minutos después del último cigarrillo el cuerpo empieza a recuperarse del daño causado por la nicotina, baja la presión arterial y la frecuencia del pulso y aumenta la temperatura de manos y pies. Tras 8 horas, el monóxido de carbono baja a niveles normales en la sangre y el de oxígeno aumenta. Pasado un día, se reduce la posibilidad de sufrir un ataque cardíaco”.

Las ventajas son evidentes, han afirmado desde el Hospital, y han señalado como ejemplos, el aumento de la función pulmonar, la mejora en la circulación sanguínea o la reducción de las probabilidades de sufrir un derrame cerebral o una enfermedad cardiaca.

Además de estas terapias de deshabituación, desde el Departamento de Salud de Manises se está formado a médicos y enfermeros de atención primaria para que puedan ayudar a quien lo desee, a dejar de fumar.

Las jornadas, que se están impartiendo a lo largo del mes de mayo por la Escuela Valenciana de Estudios de la Salud, tienen como objetivo dotar a los profesionales de argumentos para responder las dudas de los pacientes y formarlos para realizar un correcto seguimiento de cada caso.

“Gracias a estos talleres, los médicos de atención primaria de todo el departamento de salud, tienen las herramientas necesarias para ayudar a sus pacientes, si lo desean, a dejar de fumar”, ha asegurado Carlos Rodrigo, director de atención primaria del Hospital de Manises.

Para completar las actividades destinadas a la deshabituación tabáquica, precisamente durante la semana sin humo, el departamento de Salud de Manises colocará mesas informativas en distintos puntos.

La más importante estará ubicada en el centro de salud de Mislata, donde en colaboración con Salud Pública, profesionales sanitarios del centro realizarán pruebas con un cooxímetro para detectar el nivel de monóxido de carbono (CO) en aire espirado a los usuarios interesados.

Desde 1987, cada 31 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial Sin Tabaco con el objetivo de llamar la atención ante su consumo y sus efectos negativos.

Se calcula que, a menos que no se ponga remedio, esta epidemia matará a más de 8 millones de personas cada año en 2030.

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