Dos modelos de viajar

Los ciudadanos de la comunidad valenciana cada vez viajan más. Tanto por las ciudades y pueblos de España como en aquellos países que se pueden visitar o bien que el nivel de incidencias es pequeño. Cuando comencé a viajar nunca nos cruzábamos con ciudadanos de Valencia, Altea, Castellón, Alicante o Benidorm deambulando por el hall de un hotel internacional, en la cola para pagar un visado frente a un pequeño mostrador en el que había un policía exigente o simplemente alineados para embarcar en una compañía de aviones low cost. En los últimos años, ha cambiado enormemente y el mundo se ha quedado pequeño para las gentes del mediterráneo.

La educación y la cultura que los padres intentan traspasar a sus hijos directamente o bien, como es lógico, con la ayuda de los colegios y universidades van creando un poso de anhelo al conocimiento. Nadie quiere no saber. Y los valencianos, como los vascos, murcianos, sorianos, asturianos, malagueños y gallegos no quieren quedarse en el olvido y piden compartir con el resto del mundo las experiencias que genera para el espíritu el descubrir nuevas gentes con ideas diversas y formas de vida que nada tienen que ver con las conocidas habitualmente.

Las redes sociales, internet y el uso de aplicaciones en las que se comparten fotografías, frases, sueños y amigos están a la orden del día. Cada día es más común contratar servicios por internet, desde un hotel de una cadena (Meliá, NH, Hesperia, Hilton,…) o bien – si se quiere viajar en familia – un apartamento turístico de reconocida calidad y servicios, Happy People Barcelona Aparments, los vuelos, las visitas a las puntos de interés que se hayan seleccionado, unas bicicletas para deambular por las callejuelas o unas clases de surf impartidas por un profesor neozelandés. Todo está en la red y tan solo hay que cerciorarse de las características del servicio a contratar para que a través de una pasarela de pago se haga efectivo el ingreso y la contratación del servicio requerido. Todo es fácil y más perverso, los oportunistas, mentirosos y embaucadores también existen en la red y todo lo que ofrecen es maravilloso hasta que lo pruebas o lo ves con tus propios ojos. En este caso se pierde la magia y se contagia un sentimiento de engaño y desilusión.

El turismo une al grupo de personas que han decidido compartir experiencias e ilusiones durante unos días. La reunión post viaje en la que el objeto del encuentro es visionar conjuntamente las fotos que unos y otros han obtenido es la prueba más veraz de la armonía del viaje y donde quien no haya quedado satisfecho con el viaje o haya aparecido tiranteces entre algunos de los miembros, declinará la invitación y preferirá no recordar malos momentos.

Para preparar un viaje hay dos estrategias divergentes aunque ambas pueden conseguir el mismo objetivo que será unas vivencias inolvidables y no querer regresar a la vida cotidiana.

Una de las dos es la que realizan las personas llamémoslas “perfil de ciencias” con la cabeza bien amueblada, que les gusta controlar todos sus actos, se documentan perfectamente y preparan una agenda de todos los días con horas, minutos, monumentos y visitas. Todo está en un excel que hay que cumplir a rajatabla.

El otro grupo son los que denominamos “de letras” y son aquellos que operan sobre la marcha, son especialistas en vivir momentos apasionantes sin haberlos preparado previamente. Necesitan de los socios locales, gentes del lugar para llegar a su objetivo pero tienen una amplia necesidad de compartir, conversar con todos aquellos que se cruzan en su camino. Son capaces de ir al antiguo Egipto y no entrar a visitar la pirámide Keops, pero si de hacerse amigos de un egipcio que les invitará a un te en su casa desde una terraza única con el desierto por alfombra. Unos y otros habrán estado en Egipto pero lo vivido será tan distinto como diferentes son las vidas de las personas.


 
 
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *