Djukic, con el agua al cuello tras la nueva derrota en Elx (2-1)

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Valencia CF. Elche CF

Hacía 25 años que no se encontraban en Primera División el Valencia CF y el Elche CF. Y visto lo visto para los blanquinegres, bien hubieran podido seguir sin encontrarse. Más allá de la derrota de los de Djukic -que podríamos calificar, sin que sirva de precedente, de no merecida para los blanquinegros-, la ausencia de acierto en ataque empieza a colocar a los inquilinos de Mestalla en una preocupante situación, también en lo deportivo.

Y eso que la apuesta de Djukic fue valiente de inicio. El cada día menos comprometido Banega se quedó en el banco y por fin el serbio se atrevió a disponer sobre el césped al trío Canales,  Parejo, Javi Fuego. Entre los tres supieron abrir juego a las bandas con Pabón y Fede en plan desequilibrante, pero arriba la pólvora estaba más mojada que nunca… Eso, y que el portero ilicitano, Manu Herrera, tuvo su noche, lo que son las cosas.

En el 15′ fue Ricardo Costa el que puso a prueba por primera vez al portero del Elche CF con un tiro al larguero cuando tenía toda la portería para él solito. Increíble que el portugués fallara aquello. Pero así fue. De haber entrado el esférico, las cosas a buen seguro habrían cambiado para los de Djukic.

Poco después sería Pabón el que cabecearía a saque de esquina bien ejecutado por Parejo, pero un defensa franjiverde sacó el esférico en la misma línea cuando casi se cantaba ya el gol. Repetiría el colombiano ocasión, pero en esta ocasión sería Manu Herrera el que sacaría el esférico en la tercera ocasión clara marrada por los valencianistas, que esta tarde jugaron de naranja con banda blanquinegra, como las falleras.

Para entonces, del Elche poco se supo, salvo una escaramuza de Fidel que se escurrió por entre Mathieu y Ricardo Costa, pero a las manos de un inédito Alves. Volvía el brasileño tras un accidentado via crucis entre octubre y noviembre. En éstas, se llegaba al descanso y parecía increíble que el marcador no se hubiera movido. Lo que son las cosas.

El Valencia CF comenzó la segunda parte igual que acabó la primera, insistiendo en ataque ante una media ilicitana baja de forma. Fruto de ello, un cabezazo de Javi Fuego a punto estuvo de convertirse en el ansiado 0-1. Pero no era la tarde. El fantasma de “quien perdona termina pagándolo” se alió con el Elche CF y en la primera ocasión medio clara, dieron en la diana valencianista. Era el minuto 57. Fidel, casi desde la frontal, cabeceaba un balón envenenado hacia la derecha de Alves, marcando el primero para los de casa.

A pesar del palo que supone trabajar para golear y verse por debajo en el marcador ante un rival que no había tenido más que una sola ocasión, el Valencia CF no se vino abajo y siguió a lo suyo. Canales vio el camino y comenzó a repartir juego con criterio. Jonas primero y Pabón después tuvieron sendas ocasiones una vez más, sin acierto.

Y llegó la jugada entre canteranos. Barragán centraba desde la derecha al segundo palo para que Juan Bernat rematara de forma impecable y, aunque el primero lo rechazó Manu Herrera, el segundo se convirtió en el gol del empate. Era el gol de la esperanza para los valencianistas. Corría el minuto 72 y aún quedaba tiempo para la remontada.

Pero lo que son las cosas. El buen juego naranja, con innumerables ocasiones, no se traducía en goles, y la segunda llegada franjiverde se convertiría en el gol de la victoria local. En el momento mas incisivo para el ataque valencianista, la debilidad defensiva volvió a jugarle a los de Djukic una mala pasada y el otro Herrera del Elche, Cristian, le ganó la partida a Ricardo Costa para hacer el 2-1 de tiro cruzado ante el que nada pudo hacer Diego Alves. El chaval, por cierto, acababa de entrar en el partido.

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La lógica ilógica del fútbol ejercía su imperio para gloria de los ilicitanos, que se volvieron locos en la grada, y para desgracia de los valencianistas, que se hundieron irremisiblemente. El buen juego vencido por la convicción. El creer por encima del saber. Y Djukic, comenzando a sentir un extraño picor alrededor del cuello… Contaremos los días.

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