Derechos y obligaciones: dos caras de una misma moneda

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Que el hombre es un ser social por naturaleza es una verdad plasmada por Aristóteles hace más de dos mil años, y como todos los animales, incluso insectos, que viven en sociedad es preciso que haya una serie de pautas por las cuales debemos regirnos para poder convivir en armonía.

Con posterioridad, el pensador Juan-Jacques Rousseau desarrolló la teoría política del contrato social con ánimo de definir una estructura lógica para la convivencia en sociedad. Sostuvo que para vivir en sociedad la humanidad acuerda un contrato social implícito: otorga derechos a cambio de abandonar el estado de naturaleza y con ello ciertas libertades individuales que podrían menoscabar los derechos de otros individuos. El contrato social habla de libertades, pero también de deberes de las personas. Además, constituye al Estado como institución garante de cumplir dicho contrato. Los derechos y deberes no son inamovibles; pero a mayores derechos, mayores deberes y viceversa.

Por eso, pretender disfrutar de los derechos y libertades omitiendo los deberes como conciudadanos es una actitud que, además de ilegal, demuestra una gran insolidaridad con el resto de ciudadanos. Pero si esta actitud la tiene un representante de todos los catalanes, tal y como está sucediendo, se convierte en irresponsable y reprochable.

Si fuésemos ingenuos diríamos que cuando los nacionalistas hablan de dictadura y autoritarismo evidencian ignorancia; sin embargo, no nos cabe la menor duda de que está todo medido y calculado. Por ello, podemos hablar de perfidia y deslealtad a la sociedad.

En primer lugar, ignorar los procesos democráticos por los que ha pasado Cataluña en los últimos tiempos es un síntoma de sordera selectiva. En segundo lugar, la Constitución, a pesar de ser mejorable, pone a disposición de la ciudadanía y sus representantes una serie de herramientas para su reforma ¿De qué dictadura hablan?

Solo dentro de un diálogo amparado por la democracia se podrá solucionar la crisis catalana. Este diálogo implica estar dentro de la legalidad del Estado de Derecho y pasa por el uso del sufragio establecido por ley. De lo contrario, gran parte de la sociedad catalana  y española será obviada a la hora de decidir el futuro que todos compartimos.

La libertad en un Estado, o afecta a todos o no hay libertad. La democracia es entendimiento. Por eso, no puede nacer desde la ira, la ilegalidad, la presión o el insulto a los que no piensan como tú. La democracia es un regalo de la evolución social de la humanidad. No olvidemos que conseguir implantarla ha tenido grandes costes humanos y materiales saldados en guerras y revoluciones.

La situación que vivimos ahora es un ataque flagrante a la democracia de manos de unos líderes que no tienen la legitimidad suficiente para tomar decisiones que están fuera de sus competencias. Con herramientas como la demagogia y la imposición han creado un discurso supremacista y excluyente con el que pretenden  marcar diferencias entre las personas y abrir una brecha en la sociedad. Esta situación la venía advirtiendo Ciudadanos desde su fundación hace 11 años en Barcelona. Una advertencia que secundaron muchos catalanes en las elecciones autonómicas de 2006 en las que Cs consiguió entrar en el Parlament.

Llegados a este punto, Ciudadanos reivindica las herramientas democráticas de protección. En nuestro país una de ellas se recoge en el artículo 155 de la Carta Magna. Aunque algunos alarmistas entiendan esto como una toma de la Bastilla, lo que realmente implica es sacar las urnas a la calle. Se trata de dejar que la soberanía emane de donde siempre lo ha hecho y de donde nunca tendría que haberse ido en Cataluña: en la ciudadanía.

Mamen Peris | Abogada y política |Diputada provincial Ciudadanos | @mamen_peris

 

 

 

 

 

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