De los silentes, replicantes y libre pensadores políticos

Los que ya peinamos alguna que otra cana hija del sufrimiento pero también de nuestras múltiples vivencias, asistimos no sin cierta nostalgia por aquella juventud que nunca regresara, la aplicación actual de las enseñanzas de aquellos maestros de la política contemporánea, como es por ejemplo el ya jubilado Alfonso Guerra. Aquel, que aun siendo general en jefe de un partido eminentemente democrático, como es el Psoe, no por ello le tembló el pulso para poner orden a través de su ya famoso y celebre principio: “El que se mueva no sale en la foto”, a la hora de confeccionar las primeras listas electorales de la Transición democrática. Principio “Guerrista” que ahora, con bastante menos éxito, están queriendo copiar en todos los partidos, esa especie de meritorios de la política que, sin ningún talento y sabiduría, pretenden seguir las enseñanzas del bueno de D. Alfonso.

Pedagógico y exitoso método el de este genio socialista de la política, que supuso la transformación de lo que en un principio era una autentica jaula de grillos, en una de los mejores maquinas electorales difícilmente igualables en muchos años: 202 diputados de una sola tacada en el año 1982. Pero para eso, independientemente de la sabiduría y el sentido del orden, D. Alfonso irradiaba una humanidad, atracción y capacidad de liderazgo, hoy en día inexistente, solamente igualada por aquel entonces, por aquellos otros dos monstruos de la política como fueron Adolfo Suarez y su compañero Felipe González.

Bajo el principio “guerrista” de no moverse demasiado, por si acaso, comenzó a forjarse en los partidos las huestes de los llamados “silentes”. Que suelen ser aquellos militantes que se meten en los partidos aun sin ninguna ideología, esperando alcanzar sin armar excesivo ruido, o bien la gloria o, cuanto menos, una cacho de pan y longaniza que echase a la boca, para ir tirando mientras dure la buena estrella de sus respectivos partidos,

El “silente” o buen chico de los partidos, es una persona sometida a muy poco estudio psicológico, ya que suele ser un personaje que siempre se suele mantener al pairo pero de igual forma al amparo de ese otro principio de “en boca cerrada no entran moscas”. Por eso, como el que no quiere la cosa, se le suele ver en casi todos los saraos o manifestaciones públicas de sus respectivos partidos, sacándose fotos a diestro y siniestro, eso sí, siempre al lado de la clase “preboste” o dominante en sus organizaciones. Mostrando siempre como muestra o marca de su propio guion, esa estudiada, forzada y mejor sonrisa de oreja a oreja, que le deja ver hasta la más ínfima y pequeña caríe en la dentina de su dentadura. O, incluso, hasta la misma campañilla en su profunda laringe, dependiendo del esfuerzo bucal que merece en todo momento el nivel de importancia o rango del compañero de foto. Por lo tanto, para el “silente” fotos las que hagan falta, máxime ahora que ya no existe el gasto del carrete y revelado.

Normalmente, el pobre e incomprendido “silente”, tiende a deambular por los lares del partido, como penitente en una procesión de Jueves Santo. Acompañado siempre con el escapulario, estigma o “Sambenito” de ser considerado por sus compañeros como el “pelotillero” o “lame nalgas” oficial de esa “dedocrática” clase dirigente que, en un momento determinado, le puede conceder, de ser siempre obediente, hasta una medalla en forma de chapa de Coca Cola.

En cuanto al “replicante” o “cabronazo” oficial, el tema suele tener más recorrido ante la complicación permanente que supone su estado anímico y emocional. Para empezar, suele ser un “silente” caído en desgracia, que una vez visto que no han sido alcanzadas sus expectativas de destino en el partido, se vuelve un crítico o “replicante” furibundo. O bien, gracias a Dios según los unos, o yo diría que más bien gracias al cabreo morrocotudo que lleva consigo permanentemente. Y es que ver como insistentemente se le ha venido dando con las puertas en las narices a sus esperadas y “merecidas” peticiones, duele mucho.

Ante estos personajes de escaso predicamento en la organización interna, los aparatos orgánicos de los partidos suelen habilitar un sistema de atención “chupeteril endulzado” para los menos díscolos. O bien, una patada en el trasero para los más críticos o “replicantes”. Pero eso siempre contando con el posible peligro o riesgo añadido para la “prebostería dedocrática y secular” ordenante de semejantes castigos, ya que siguiendo con ese otro sabio principio de “donde las dan las toman” sus traseros pueden correr el mismo peligro en un tiempo más o menos mediato, dependiendo de cómo y dónde se sitúe la caprichosa rosa de los vientos políticos. En fin, ya se sabe, en política como en el tiempo, todo está sujeto al capricho de la Física.

Y finalmente, ahí tenemos a los verdaderos preferidos de los dioses del Olimpo, que no son otros que los “libre pensadores” o fabricantes de ideas e ilusiones. Esos personajes que, con una vida profesionalmente colmada o, cuanto menos, con unas necesidades auto limitadas y resueltas, en plan Socrático y yo diría que un tanto Aristotélico, no necesitan en absoluto ni de los favores ni de las prebendas otorgadas graciosa y caprichosamente por el “preboste” de turno. Ni por supuesto, de esa “digitalina” siempre esclavizante de voluntades y libres albedríos.

El “libre pensador” se suele integrar en los partidos simplemente por el placer de dar y no de coger. Ya que está sobradamente demostrado que el ego siente más placer dando que pidiendo. Estos personajes suelen ser en la mayoría de los casos, las autenticas mentes pensantes o motores ideológicos de todos estos complicados entramados en que se están convirtiendo los partidos políticos. Sobre todo, los llamados emergentes. Todos ellos, configurados mayoritariamente por una amalgama de retales, cada uno de su padre y de su madre, de distintos colores y procedencias de difícil catalogación. Decía un viejo profesor mío que el mestizaje suele hacer más fuerte a los pueblos. Ahora bien, no sé si esta teoría seria buena y acertada aplicarla a los partidos, dado el autentico “batiburrillo” de ideas que empiezan a aflorar tortuosamente en el seno, coseno y capsulas cerebrales de los mismos.

Finalmente como colofón, podríamos decir que de cualquier forma sean bienvenidos los “libre pensadores” a este autentico “puteferio” en que ha convertido la política de este país. Porque como diría mi tío el cura: “no sé si de ellos será el reino de los cielos o, bien, al final, serán simplemente pacientes de un buen dolor de estomago, de tanto aguantar a toda esta “tropa”. Al respecto, yo añadiría que después de serias y tortuosas reflexiones, ya hay por ahí más de un Aristotélico y algún que otro Socrático “libre pensador”, que han comenzado a mandar mancomunadamente al carajo a todos los referentes políticos de sus respectivos partidos.

José Antonio Sorzano | @JoseSorzano | Periodista y abogado | Foro de Opinión Salvador de Madariaga


 
 
 

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