Cuatro presos de Picassent aceptan 21 años de cárcel por secuestrar y herir a tres funcionarios en un motín

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Cuatro presos de la cárcel valenciana de Picassent han aceptado este lunes en la sección segunda de la Audiencia Provincial de Valencia cumplir una pena de 21 años, nueve meses y cuatro días de prisión por secuestrar y herir a tres funcionarios en noviembre de 2007. También amenazaron con ‘pinchos’ a otros internos, y algunos de ellos resultaron lesionados.
Los procesados han aceptado, tras una negociación que ha durado cerca de dos horas, cumplir una pena de 21 años, nueve meses y cuatro días de prisión por cuatro delitos de detención ilegal, tres de lesiones, un delito continuado de atentado, dos faltas de malos tratos y tres faltas de amenazas aunque sólo cumplirán 13 años y medio, atendiendo a la refundición de condenas.

Inicialmente, el ministerio fiscal pedía para los acusados 46 años de cárcel al imputarles cuatro delitos de lesiones y tres faltas de amenazas. Asimismo, tendrán que indemnizar a los tres funcionarios con 33.800 euros en total y a dos internos que resultaron heridos con 90 y 2.000 euros respectivamente (la última cantidad por daños morales).

Uno de procesados, en el momento en el que se le ha otorgado la última palabra antes de dejar el juicio visto para sentencia, ha amenazado a los funcionarios y les ha dicho: “tienen que pagarlas todavía”. Ha relatado que los empleados les tenían en un patio “de mala manera”, de cuatro metros de largo por dos de ancho. “No había ni alcantarillas ni nada”, ha dicho. Ha comentado que denunció esta situación a inspectores de Madrid y que el motín se produjo como consecuencia de estos hechos.

Por su parte, otro acusado ha indicado que en el momento en el que se produjo el motín “había un abuso de poder” en el módulo de aislamiento, que es en el que se encontraban. “Pasamos 26 días con tratos vejatorios, degradantes y torturas psicológicas”, ha señalado. “Esto no se lo deseo ni a mi peor enemigo”, ha apostillado.

Así, ha afirmado que “hubo motivos para que ocurriera eso y más”, porque “no es todo de color de rosa”, aunque “al final nos portamos bien”, ha aseverado. También ha dicho que no recuerda si ha presentado denuncia por estos hechos porque tiene “pérdida de memoria”.

Asimismo, los otros dos procesados han indicado que las navajas, cuchillos y móviles que portaban el día del motín pertenecían a los funcionarios y los cogieron de sus bolsas. “El ‘pincho’ sí que lo fabricamos nosotros”, ha indicado uno de ellos.

El incidente tuvo lugar en la tarde del 27 de noviembre de 2007. Los acusados, todos ellos internos en el centro penitenciario, en el módulo 11 de aislamiento, idearon un plan para realizar un motín. Entonces, uno de ellos solicitó a un funcionario, que estaba vigilando el patio, hacer una llamada telefónica, y éste le acompañó.

A la vuelta, cuando el funcionario abrió la puerta, el procesado se abalanzó sobre él, le golpeó reiteradamente y le redujo. Por su parte, otros dos acusados, provistos de ‘pinchos’ que previamente habían ocultado en el desguace del patio, redujeron a otro funcionario que acompañaba al primero, le golpearon y le pusieron unos grilletes. Luego le encerraron en una celda de aislamiento, donde estuvo privado de libertad desde las 18 horas hasta las 00.30 horas.

Posteriormente, esposaron al primer funcionario y le golpearon. A otro empleado público que se encontraba en el interior de la oficina del módulo de aislamiento, un acusado le inmovilizó, le tiró al suelo y le esposó a la mesa. Estuvo privado de libertad desde las 18.00 horas hasta las 6.00 horas del día siguiente, 28 de noviembre.

En el transcurso de este motín, se unió a los procesados un cuarto interno que también realizó intimidaciones contra la vida de las personas a los funcionarios y al resto de los internos. Además de los funcionarios, hubo cuatro internos más que sufrieron lesiones e intimidaciones, e incluso uno de ellos también fue esposado y privado de libertad hasta las 00.00 horas.

Los acusados exigieron la presencia del juez en funciones de guardia, ya que para la liberación de los funcionarios querían droga y mejoras de vida en el centro. El magistrado se personó y, tras una negociación, logró la liberación de los funcionarios. Los tres empleados sufrieron varias lesiones en el cuello, cara o rodillas, y uno de ellos está actualmente jubilado –a pesar de sus 40 años de edad– por un trastorno psicológico grave.

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