Claudio Barragán, genio y figura

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1999

Claudio Barragán Escobar (Manises, 1964). Si alguien ha triunfado entre la afición tanto del Deportivo como la del Elche, ése es el manisero Claudio Barragán. ¿El motivo? Es claro: Su personalidad, carácter y forma de ser, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Persona capaz de cortar una rueda de prensa para poner una grabación donde se escucha el griterío de la afición, con la intención de que su hinchada se convierta en el jugador número doce.

Su genio: Sus características a la hora de jugar, que ayudaron a forjar su personalidad. No era un diez en una cualidad específica, pero era un ocho en todo. No era un virtuoso del regate o el remate, pero dominaba todos los aspectos del juego. Luchaba y bregaba todas las pelotas. Era un buen rematador de cabeza. Dominaba ambas piernas y sabía interpretar las diversas fases del encuentro. El excapitán de Dépor, Fran, le definió bien en La voz de Galicia: “El Litri era un jugador que lo daba todo en el terreno de juego. Sacrificio, entrega y lucha. Fue uno de esos jugadores que, consciente de sus limitaciones, sacó un partido extraordinario a sus virtudes”.

Su figura: la honradez y el compañerismo. En esta entrevista, Fran termina diciendo de Claudio Barragán: “Si me pongo a buscar una palabra que defina Claudio Barragán, creo que la idónea es honradez (…). Muy buen tipo. Yo coincidí con él y con Nando en la selección y me arropó en todo momento”.

Nuestro protagonista jugó entre los ‘80 y los ’90, en una época muy diferente a los tiempos actuales que corren. Por entonces, la liga española estaba llena de matices. Existía una gran tradición futbolera, había buena materia prima y buenos jugadores en todos los equipos. Como norma general, los extranjeros solían responder al perfil de jugador más desequilibrante del equipo. En el Valencia eran: Lubo Penev y Pedja Mijatovic, en el Barcelona: Romario, Stoichkov y Laudrup; mientras que en la orilla del Manzanares tanto Futre como Schuster eran las estrellas del equipo, especialmente el primero. En Nervión, las estrellas fueron Maradona y Suker; y en Cádiz el astro fue Mágico González.

La década de los 80 se abrieron con la pujanza de dos equipos vascos: la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao. El equipo donostiarra conquistó las dos primeras ligas de la década, siguiéndole con su ejemplo el Athlétic de Bilbao. Eran ante todo equipos armados desde la solidez defensiva, explotando muy bien el contrataque. Otro equipo que destacó entre mediados y finales de esta década fue el Real Madrid de la “Quinta del Buitre, liderado por jugadores formados en el Castilla como Martín Vázquez, Míchel, Butragueño, Sanchís y Pardeza, a los que se les sumaban extranjeros de un grandísimo nivel como Schuster o Hugo Sánchez. Consecuencia de ello es la obtención, entre otros títulos, de 5 ligas seguidas.

Los 90 empezaron con aires renovados en la liga española. En el Barça se encontraba Johan Cruyff, que apostó por un fútbol totalmente de toque y de calidad, ya que como dijo el holandés: “Prefiero perder por cuatro goles a cinco que ganar con un resultado de uno a cero”. En esta década se produjo el fenómeno de la revolución de los equipos modestos. Equipos sin tanta repercusión mediática como los grandes, con bajo presupuesto y sin jugadores de renombre fueron capaces de plantar cara a los grandes, como el Tenerife, que fue capaz de darle dos ligas consecutivas al Barcelona gracias a los triunfos en la última jornada contra el Real Madrid, ganan torneos nacionales, ejemplo de ello es el Zaragoza o el Deportivo, o al menos llegaron a las finales, como el Celta, Betis y Mallorca, e incluso ganaron trofeos a nivel internacional gracias a la victoria en el trofeo del K.O. lo que les permite jugar la Recopa de Europa, donde, sin duda, el Zaragoza fue uno delos que mejor representa la victoria de los pequeños frente a los grandes.

En esta revolución de los equipos modestos, si hay un equipo que destacó por encima de otros, ése fue el Deportivo de la Coruña. La escuadra de la capital gallega había estado casi dos décadas entre segunda y segunda B; y (consiguiendo) en la temporada 1991-1992 vuelven a jugar en la máxima categoría del fútbol español. Durante los próximos 13 años, el equipo gallego vivirá sus mejores años gracias a la obtención de sus primeros títulos, la posterior participación en los torneos internacionales y el reconocimiento de todos, tanto de los aficionados al fútbol, de los equipos contrarios y de la prensa.

Por ello, la liga no era cosa de dos. No era una lucha constante por alzarse con el título liguero entre Real Madrid y FC Barcelona, sino que había más equipos que podían disputarles la liga. Una muestra de ello es lo que ocurrió en la temporada 1995-1996. El campeón, el Atlético de Madrid, venía de jugarse la permanencia en Primera División en las dos últimas campañas. Sin embargo, las llegadas de Radomir Antic, al banquillo rojiblanco, Molina, Santi Denia, Milinko Pantic y Lubo Penev impulsaron al equipo del Manzanares a la obtención de su primer, y de momento único, Doblete. Su juego se basaba en una combinación de toque, contrataque y una presión alta con la intención de provocar el error del rival en campo contrario. El segundo clasificado fue el Valencia, capitaneado por Luís Aragonés. Mientras que el equipo de la capital de España desplegaba un juego de primer toque, la escuadra de la capital del Túria fundamentaba su juego en el contrataque. Sin embargo, un hecho que nos muestra la igualdad de los equipos es que el Barcelona quedó tercero y el Real Madrid ni siquiera se clasificó para competición europea. Esto hoy en día, claro está, es impensable.

En este contexto futbolístico jugó Claudio. Se formó en la cantera del Levante UD, donde llegó a compartir equipo, y quizás vestuario, con Johan Cruyff. Su siguiente equipo, con 20 años, fue el club ilicitano. En este lugar debuta en primera división. En su primer año en el Elche CF y también en Primera división no consiguen la ansiada permanencia, a pesar de que dos de sus delanteros harían carrera en la máxima categoría del fútbol español: Claudio y Carlos, éste en el Atlético de Madrid y Oviedo. Los tres próximos años, el club ilicitano buscó volver a la Primera División.

Estuvieron a punto de conseguirlo en los dos primeros años en la categoría de plata, quedándose a unos pocos puntos dela promoción. En la temporada 1987-1988, con 23 años, Claudio se convirtió en uno de los héroes del ascenso gracias a sus 11 goles y sus más de dos mil quinientos minutos jugados. Pero, la aventura en la máxima categoría duró un solo año. Al consumar el descenso a Segunda, el club mallorquín fijó sus ojos en Barragán.

Entre esta temporada y hasta el año 1994-1995, momento en el cual finalizó su etapa en el club gallego, es cuando vivió sus mejores momentos, porque no solamente jugó dos finales de copa del rey, perdiendo una y ganando la otra, sino que también realizó el sueño de cualquier futbolista: representar a España. Fue convocado por el combinado nacional en 1992 siendo Javier Clemente era el seleccionador nacional. Éste fue quien le puso el mote de “el Litri”.

El cénit de Claudio en el Mallorca llegó en la 1990-1991. Participó en un gran número de partidos, jugando casi un total de tres mil minutos. Sin embargo, no fue titular en el partido más importante del club bermellón: la final de la copa del Rey disputada en el Santiago Bernabéu frente al Atlético de Madrid. El entrenador balear: Serra Ferrer planteó un partido muy táctico, lo que provocó que el marcador se marchase cero a cero al finalizar el tiempo reglamentario. A pesar de no estar en el once titular, y en vistas de llegar al tiempo suplementario, Serra Ferrer le hizo entrar en el terreno de juego en el minuto 79. Sin embargo, un gol de Alfredo Santaelena, que unas temporadas más tarde sería compañero de Claudio en A Coruña y en el banquillo del Cádiz; y que también sería protagonista en la Copa del Rey del año 1994-1995 al ser el único goleador de partido, hizo llegar el trofeo a las vitrinas del Vicente Calderón.

En su proyecto de consolidar el equipo en Primera División, el presidente del Dépor, Augusto César Lendoiro, se hizo con los servicios del manisero. La primera temporada el equipo coruñés cumplió con el guión de obtener una sufrida permanencia gracias a la vieja promoción contra el Betis.

Fue a partir de la segunda temporada del conjunto gallego cuando empezarían a llegar para el Dépor los reconocimientos, los trofeos individuales y el título de la copa del rey en la temporada 1994/1995 que solamente sería superado por la obtención del único título liguero que obtuvieron en la temporada 1999/2000.

Este segundo año es cuando nació el SúperDépor. Término que se originó gracias a una espectacular remontada contra el Real Madrid cuando el equipo gallego perdía por dos goles a cero. Finalmente, el partido terminó por tres goles a dos

Procedentes de la liga brasileña llegaron Mauro Silva, centrocampista, y Bebeto, delantero que se convirtió en el máximo artillero de la competición doméstica. Consecuencia de ello, estos jugadores pronto se elevaron en las estrellas del equipo. Junto con Bebeto juega Claudio, aportando lucha, brega, carácter y también goles. El brasileño era la estrella y máximo goleador, pero sin la lucha de Claudio que provocaba la abertura de espacios entre los centrales, Bebeto nunca hubiera podido marcar tantos goles. Por tanto, formaron una dupla maravillosa, anotando entre los dos 42 goles; haciendo llevar al Dépor a la tercera posición, a tan solo 4 puntos de ganar el campeonato doméstico. El resto del equipo lo formaban: Liaño en la portería. En la defensa: López Rekarte y Nando se situaban en los laterales; en el centro de la zaga estaban Ribera y Albístegui. Djukic era el líbero del equipo. El medio campo lo formaban Fran, Mauro Silva y Aldana.

La temporada no pudo ir casi mejor para nuestro protagonista, pues fue convocado por Javier Clemente para formar parte del combinado nacional. Su debut se produjo en octubre, en Belfast en el partido clasificatorio para el mundial de EEUU ’94. Jugó un total de 6 partidos con la Selección. Es aquí cuando el seleccionador le puso el mote de “El litri” por los pases taurinos que realizaba Claudio en el hotel de concentración.

Hecho anecdótico en su trayectoria deportiva se produjo este año. ¿Dónde? En el Vicente Calderón. Si alguien pensaba que Arda Turan ha sido el único futbolista que ha lanzado una bota al árbitro estáis muy equivocados. Claudio ya lo hizo. Sucedió en un choque frente al Atlético de Madrid en la ribera del Manzanares.

La tercera temporada de Claudio en el Deportivo estuvo marcada por dos partidos. El primero de ellos ocurrió el 19 de septiembre. El rival: el Real Madrid. Con las estrellas del equipo, Bebeto y Mauro Silva, concentrados con sus selecciones, el de Manises fue el héroe del partido gracias a sus dos goles y un lanzamiento al larguero. Los otros dos goles los lograron Fran y Manjarín. El otro encuentro fue contra el Valencia. En los ojos de todos los deportivistas todavía se vislumbra el penalti fallado por Djukic. Pero Claudio no jugó ese partido.

La temporada 1994 – 1995, fue la última que disputó Barragán en Galicia. Ya no está en el once titular. Salinas y, sobre todo, Manjarín son los jugadores que formaban la dupla atacante con Bebeto. A pesar de eso, Claudio jugó, los minutos finales, de su segunda final de copa del rey. Pero, esta vez termina con un sabor dulce porque por primera vez, tanto él como el Deportivo ganaron su primer título: la Copa del rey. Alfredo Santaelena fue otra vez el protagonista

La llegada de Toschack, reemplazando a Arsenio Iglesias, supone la salida del delantero valenciano rumbo al Salamanca. Pero no fue un adiós, sino un hasta luego porque el corazón de Claudio siempre estuvo y estará en Riazor. El carácter y personalidad de Claudio Barragán cautivaron el alma de todos los deportivistas; a cambio Claudio ganó los títulos más importantes que un jugador puede conseguir: en primer lugar, el cariño y amor de la hinchada. En una reciente entrevista realizada por el periódico deportivo Marca al charrúa Godín y al colombiano Perea, éstos afirmaban que “el prestigio y la gloria no llega por los títulos, sino por el cariño de la gente”. Prueba del cariño que le profesa Riazor es cuando llega al estadio blanquiazul, y todos empiezan a corear: “¡Claudio, Claudio, Claudio, Barragán, Barragán, Barragáaaan!.

En segundo lugar, el hecho de haberse convertido en un referente e ídolo para los futbolistas más pequeños. El delantero colchonero, Fernando Torres, es un ejemplo de ello. En el trofeo Carranza del año 2015, edición en la cual participó el Atlético de Madrid, el ariete rojiblanco subió una foto a Twitter de él junto con Claudio Barragán. En dicha imagen ponía: “Mi primer ídolo de la infancia. Una gran inspiración desde su etapa en el Dépor. Un placer Míster”.

El siguiente equipo de nuestro protagonista fue el Salamanca. En su primera temporada, recupera los minutos que no había jugado en su última temporada en el conjunto gallego, superando los tres mil minutos. En la jornada 3 de liga, vuelve a Riazor pero como visitante. El sentimiento blanquiazul volvió a salirle del corazón, afirmando, poco después de jugar el partido: “Recuerdo cuando volví a Riazor con el Salamanca. Antes de terminar el partido ya estaba llorando de lo que me hizo sentir la afición del Dépor. Todo el campo estaba coreando mi nombre y hasta mis compañeros y el técnico Juanma Lillo se emocionaron”.

Pese a la decena de goles que marca, éstos no fueron suficientes para la salvación del equipo. Su segunda temporada en el conjunto castellano no fueron buenos, pues su presencia en el terreno de juego fue prácticamente testimonial. Por ello, en el mercado de invierno fue traspasado a uno de los equipos en los que ya había jugado donde había ofrecido un gran rendimiento se fijó en él: el Elche. En este club estuvo esta media temporada y tres más.

En esta media temporada, consiguió el objetivo de subir a la Segunda División. Pero, en su primera temporada completa en Elche bajan a la categoría de bronce del fútbol nacional. Con 34 años y en la segunda división B, Claudio sacó su pundonor y se convierte, igual que una década atrás, en héroe del ascenso, aunque esta vez fue de segunda B a segunda, gracias a sus diez goles y los treinta y tres partidos jugados. La temporada 1999-2000 fue la última de Claudio dentro de los terrenos de juegos, ayudando a mantener al Elche en segunda división.

Su época en los banquillos

Una vez retirado, empieza su andadura en los banquillos. En un primer momento forma parte del cuerpo técnico del Elche, hasta que a principios de la temporada 2008-2009 sustituye a David Vidal al frente del equipo. Logró mantener al equipo en la categoría, sin embargo es destituido al poco de empezar la siguiente campaña. Su próximo equipo fue la Ponferradina. El objetivo de salvar al equipo no lo consigue y baja a la segunda división b.

No obstante, el club confía en él y le mantiene en el puesto. Esta confianza que la directiva puso en él fue un acierto porque consigue subir de categoría y a punto está de jugar el playoff de ascenso a la Primera División. La 2013-2014 sería su tercera y última temporada en la Ponferradina, consiguiendo mantener la categoría.

Su siguiente aventura fue en el club gaditano, es decir, el Cádiz. Llega a mitad de temporada con el objetivo de pelear por el playoff de ascenso a segunda. Consigue quedar primero de grupo, jugándose el ascenso en una eliminatoria frente al Oviedo de Fernando Hierro. Pero el empate en el Carlos Tartiere y la derrota en casa impiden subir directamente a segunda, por lo que tiene que jugar otras dos eliminatorias para conseguir el ansaido ascenso. El primero lo gana frente al Hércules, pero en la segunda eliminatoria, los dos goles recibidos en Bilbao frente al filial del Athlétic fue una losa muy grande por superar y en Cádiz solo pudieron empatar. Continúa en el club gaditano la siguiente temporada, sin embargo la irregularidad en el once titular es una constante y es destituido en la jornada 34. Su siguiente reto fue el Mirandés, aunque sólo estuvo 4 jornadas en conjunto castellano.

Actualmente es el entrenador del Hércules CF. ¿Su objetivo? Competir y ganar. Porque en su cabeza sólo existen esas dos palabras

Así ha sido la historia de Claudio Barragán. Un hombre con valores de los que hoy en día les faltan a los futbolistas. Decía el lateral del club colchonero Filipe Luís en una entrevista en el periódico El Mundo que: “Un 80% de los futbolistas vive en una burbuja. Sobre todo los jóvenes, que enseguida quieren imitar a sus ídolos. Creen que si van con un neceser de marca bajo el brazo, unas zapatillas de 400 euros y ocho tatuajes ya son estrellas y que sólo por eso la gente va a respetarles. Olvidan el mundo real. Es la clásica burbuja del futbolista: venirte arriba y comprarte un cochazo con tu primer sueldo”.

Pues bien, Claudio, a pesar de que ya no es futbolista, bien puede estar dentro de ese 20%. Porque ha sido un tipo trabajador, luchador, que se dejaba hasta la última gota de sudor por el equipo, porque él siempre ha mirado primeramente por el interés del equipo del club que por el bien suyo. Una muestra de ello fue cuando cesaron a David Vidal del Elche y tomó las riendas Claudio. A pesar de pasar de segundo a primer entrenador, sus emolumentos fueron los mismos porque para “el litri” prima más el proyecto y estabilidad del club que el interés personal. Por esta humildad y trabajo, el aficionado del Deportivo y del Elche le recuerdan con tanto cariño.

En un tiempo donde predomina el “soy rico, guapo y muy buen futbolista” los valores del “litri” son difíciles de ver; sin embargo son más necesarios que nunca. Por ello, solo podemos decir: ¡Claudio Barragan, genio y figura!

Vicent Morellá | graduado en Historia por la Universitat de Valéncia

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