¡¡Viva la Pepa!!

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Ni dos años han pasado desde que veíamos sentarse en el ayuntamiento de Valencia y en las Cortes Valencianas a los nuevos y flamantes concejales y diputados de Ciudadanos. Ni dos años han pasado; pocos, pero suficientes para evidenciar, ante propios y extraños, ante sus votantes y ante un sorprendido electorado, el desaguisado en el que se encuentra la citada formación.

El partido de Albert Rivera se configuró en falso gracias al efecto llamada de su líder animando a todos aquellos que, vinieran de donde vinieran, ya fueran de la izquierda o la derecha, podrían sumarse a aquel centrado proyecto regenerador de la política española llamado Movimiento Ciudadano el cual, utilizado como plataforma de implantación nacional desde Cataluña, poco tardó en ser prostituido y abandonado por la propia formación.

Se trataba de un centro refugio donde poder acoplarse todos aquellos políticos desahuciados procedentes de los más variados partidos, que incapaces de conseguir la suficiente relevancia orgánica e institucional en sus propias formaciones, vieron una posibilidad de encumbramiento en este espacio de centro, mal entendido ideológicamente, pero bien vendido a un electorado harto del bipartidismo y huérfano de alternativas.

Un espacio de centro que ahora Ciudadanos pretende ampliar adaptándolo según soplan los vientos con una política camaleónica que termina desvirtuándolo y dejándolo sin contenido. Antes, cuando nacieron socialdemócratas, eran de centro; ahora, tras su IV Congreso en Coslada, donde se han vuelto liberales, también lo son.

Y es que no hay nada como elegir el día de los Premios Goya, para que el líder supremo de esta formación envilezca el noble arte de la interpretación ‘catapultándose’ por la mínima, debido al bajo porcentaje de participación de la afiliación, como ‘Mejor Actor’, apoyado por todo un aparato oficialista mil veces criticado y denunciado, por la ausencia democracia interna.

No parece pues, que Ciudadanos, a pesar de las apariencias, tenga la coherencia que todo partido político necesita para poder gobernar, tal y como exclamaba su líder en el reciente congreso nacional. Porque la coherencia, que se define contraria a la confusión, es sinónimo de cohesión, y este partido ni está cohesionado internamente ni tampoco ideológicamente. En definitiva, tal y como dice la popular expresión, podríamos resumir la cuestión en que andan como pollo sin cabeza.

Y es que el grupo de Ciudadanos en Les Corts ya está fracturado en dos, cuando ni siquiera se ha llegado a la mitad de la legislatura. Configurado en torno al bipartidismo al que tanto atacan y del que se han servido para nacer, de los 13 diputados que lo conforman, 7 son próximos a la derecha y 6 a la izquierda, aunque ahora toque esperar para ver quién es liberal. Una formación en la que la división, los enfrentamientos personales por acaparar el poder orgánico y las discrepancias ideológicas y políticas evidencian una inmadurez que no hace más que incrementar la incertidumbre en un electorado cada vez más desconcertado.

Compuesto en gran parte por políticos carentes de proyección ni perspectivas en sus partidos de procedencia, terminaron encontrando en la formación naranja la oportunidad de llegar a las instituciones. Políticos de aquí y de allá, sin un mínimo de concurrencia ideológica, que ahora se unen y después se clavan el puñal por la espalda con tal de obtener el poder.

El mismo día que en Coslada el partido se convertía en liberal, Punset y Marí, pertenecientes al ala progresista, se prometían amor eterno frente al mar en Veles e Vent

Personajes que tienen el gran honor de haber pasado por dos, tres, cuatro y hasta cinco partidos políticos, no parece que sean un ejemplo de coherencia política. Y es que, por mucho que uno se empeñe, no se puede pretender confeccionar un diseño de alta costura con un “retalero” político, porque al final terminas en una batita de mercadillo.

Ahora, tras el congreso, donde la socialdemocracia es abandonada por el liberalismo y los estatutos endurecen el control interno, es cuando la estabilidad política del grupo se ve más amenazada. El mismo día que en Coslada el partido se convertía en liberal, Punset y Marí, pertenecientes al ala progresista, se prometían amor eterno frente al mar en Veles e Vent.

El recién casado, que sustituyó a la novia como portavoz del grupo cuando marchó al Parlamento Europeo por las discrepancias con la Ejecutiva Nacional, tiene una comprometida situación. La facción conservadora con Argüeso, Córdoba y Tormo entre otros pueden forzar la salida de Marí como portavoz, el cual podría llegar a integrarse en el grupo de los no adscritos junto a algunos de sus incondicionales. Si esta ruptura llegara a producirse, el grupo mostraría todavía mayor debilidad de la que actualmente tiene, ya que podría perder hasta 6 diputados.

Circunstancias, todas estas, que no hacen vislumbrar un futuro prometedor para esta formación en la Comunidad Valenciana. A no ser, que como proclama a los cuatro vientos el líder naranja, los liberales de Cádiz con su Constitución de 1812, vengan de nuevo a poner orden a una formación que entró en el panorama nacional vendiendo la idea de que era política nueva pero que la realidad ha demostrado que son el vivo ejemplo de la vieja.

Pero bueno, Viva la Pepa!!

María José Capilla| @mj_capilla | Foro de Opinión Salvador de Madariaga

 

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