Carta a Calixte, 002. “A casi todo el mundo nos pasa”

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“La vida es la vida, ni bonita ni fea, ni larga ni corta, ni buena ni mala.

Nacemos, entramos en la vida y desde aquel momento, nos complicamos la existencia o no. Nos creemos o no felices. Nos conservamos libres o nos esclavizamos. Nos animamos a AMAR o a odiar. Desarrollamos la inteligencia o la dejamos dormida. Competimos o compartimos.

La vida, únicamente es el espacio donde hacemos y deshacemos nuestra existencia.

¿Por qué lo complicamos todo?”

Sinto petit, 23/09/2015, tarde

A casi todos nos pasa. Vamos sumando años y hemos vivido escogiendo una cantidad, bastante importante, de caminos en esta vida. Caminos llenos de piedras en las que tropieza, en todas, una y otra vez, sin dejarnos ni una, y en cada tropiezo aprendimos, aprendemos, nos fortalecimos y nos fortalecemos, sin ninguna duda.

Pero nos llega el momento en que, aún siendo fieles a nuestros principios, debemos dejar nuestra debilidad y tomar decisiones que, en un principio y, debido a nuestra comodidad y cobardía, nos costará mucho aceptarlas. Nos harán daño.

No debemos vivir en el pasado ni del pasado. No. Pero lo debemos poner sobre la mesa para observarlo imparcialmente, estudiarlo fríamente, ya que es la única manera de que seamos capaces de poder reconocer los errores que hemos cometido durante los años de nuestra vida. Es la manera de aprender de ellos y procurar no volver a cometerlos.

Hay quien dice que es la hora de vaciar nuestra mochila, de dejar en la calle a las personas que nos hacen más daño que bien, que a partir de este momento, nos sentiremos aligerados de dolor y penas, que la sonrisa volverá a nuestros labios. Quizás sí, pero me cuesta saber quién me hace daño y quién no, ya que lo que en teoría me hace daño, del daño que me hace, aprendo y no poco. Por lo tanto, a la vez, me hace daño y bien.

Sí, lo tengo que hacer, lo he hecho, lo estoy haciendo. Ya he empezado a vaciar la mochila, pero no dejando en la cuneta a la gente que hace más daño que bien. No, sino a quien quería hacerme, o me hace daño de manera consciente en su momento. A quien lo hace de manera, digamos que involuntaria, pensando que me hace bien. Sí, he comenzado a dejarlos fuera, pero a mi lado, vigilándolos, por si…, pero no en la cuneta, sí, caminado a mi lado. No dejan de ser seres humanos con sus debilidades, con sus necesidades, seres humanos a los que amar, ayudar y nunca compadecer. Quién sabe si en cualquier momento caen y les puedo ayudar a levantarse.

Y sí, amado Calixte, me cuesta, me hace daño, pero a la vez me siento un poco aligerado y me viene a la memoria aquel dicho tan conocido: “vale más solo que mal acompañado”. Sí, me hace daño y me cuesta, porque veo a la soledad al fondo de todo. El alivio es frenado por la duda de si haré una elección bastante acertada y suficientemente coherente o, al contrario, me dejaré rodear por los buitres de siempre y algún nuevo.

Son muchos años estando convencido de que, cuando llegara ese momento, nada me haría daño, porque, al fin y al cabo, es una gran minoría la que cree y practica aquel otro dicho de “haz el bien y no mires a quién” o el otro el cual dice “ama a los demás como a ti mismo”. Claro que, aquellas personas que quieren mi destrucción, poco o nada se aman a ellas mismas.

Sabes, amado Calixte, he hecho una mirada al camino que aún me queda por andar y he visto que encontraré muchas más piedras, en las que tropezar una y otra vez. Se me presenta una duda, como siempre, “¿es la muerte la última piedra?” si fuera así, de poco me servirán las enseñanzas aprendidas en los tropiezos, pues, al morir, nada me llevo a ninguna parte, todo queda aquí.

¡¡¡Ves!!!, en un momento u otro, siempre acabamos hablando de la muerte. Sí, aquella dama con guadaña que siempre está esperando, altiva, sin ninguna inquietud, con una sonrisa nefasta, sin ninguna prisa ni duda. Sabe que no se le escapará nadie. A una hora u otra, todo el mundo, todos los seres vivos, animales o vegetales, pasaremos por el corte de su guadaña.

Hoy, 06/06/2016, hace treinta años que entró en mi mochila de personas, una a la que ahora me cuesta mucho y me hace mucho daño dejar fuera, pero me está rompiendo por dentro y por fuera, Sí, hace treinta años que solo asomarse en este mundo, y casi sin yo quererlo, se hizo la dueña del mí. Pasados estos años, sigue siendo muy importante para mí, tal vez demasiado, pero tengo que decidir si dejo que se mantenga dentro de mí y continúe rompiendo, o, con todo el dolor que pueda aguantar, cogerla, sacarla de la mochila y caminar a su lado, siempre al acecho, que no le hagan daño, porque, amarla, la amo y la amaré, me haga lo que me haga.

Bueno, como despedida, decirte que hay lecciones que cuestan poco de aprender y mucho aceptarlas. Lecciones que, en un instante, te hacen ver dónde has errado, cuál es el precio que tiene este error, y que debes pagarlo, día a día, durante el resto de tu vida. No te lo deseo, hace mucho daño.

Un abrazo

Sinto petit, 06/06/2016

Sinto Petit | @sinto_Petit | Ganador del I concurso de Tuit-Relatos de Hortanoticias

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