AMADA Daría, Carta

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17/03/2014: Ensimismado, delante del ordenador, comencé a teclear, dejando que se plasmaran en la pantalla mis sensaciones emocionales. De este modo, suavemente, las primeras palabras…

”Volvamos a nuestro lugar secreto, donde nuestras manos jugaban a conocer cada milímetro de la piel del otro y nuestros labios se besaban dulcemente. Y, con los ojos cerrados, sentíamos como nuestros cuerpos, pegados el uno al otro, temblaban de felicidad.

Volvamos al momento de nuestra vida donde el “tú y yo” pasó a ser un solo AMOR, un sentimiento compartido limpiamente, libremente.

Pero, ahora te veo aquí, sonriente, dulce, con el pelo blanco y con la piel que muestra el paso de los años. Ahora te siento aquí, en mí.

Ahora, creo que estoy equivocado, que no debemos volver ni al tiempo ni al espacio, aún estamos allí, aún es el momento.

El tiempo ha pasado, pero nosotros: amantes inmóviles. Tan solo, tu y yo con un único sentimiento: “AMOR”.

20/06/2014: Pero los días van transcurriendo, escribiendo un sinfín de pensamientos cortos, desligados, algunos, inertes desde su nacimiento en mi mente, otros, caóticos por naturaleza, y el resto…

”Te sigo AMANDO, no lo dudes, pero AMAR no significa ser esclavo, no significa bajar la cabeza, cerrar los ojos y taparse los oídos para no ver ni oír las mentiras generadas por mentes fantasiosas, las cuales también sirven para tener un lugar, supuestamente seguro, donde esconder la cobardía y la comodidad. No.

Tampoco las palabras que denominamos “dulces” con las que gusta que nos deleiten los oídos, a modo de prosa o de verso, tampoco son AMOR, quizás sean amor. Como tampoco lo es el permanente sonreír estudiado y las miradas ensayadas que nos hacen permanecer absortos de las imaginaciones e invenciones idealizadas. NO.

Sabes bien que AMAR no se nombra ni se ve: se siente. Que el AMOR se muestra día a día, en pequeñas cosas, calladas, pero que sus gritos silenciosos nos despiertan del letargo del sinsentido.

Se muestra con el sudor del trabajo agotador, que no cansa si es para que el otro, los dos, vivan la realidad de un sueño inenarrable.

Se muestra en el sufrimiento por los hijos, miedos por no saber si los educas bien, si sabrás curarles todo tipo de heridas, incluso las de amor, nunca las de AMOR. Temor por si podrás o no alimentarlos como deberían ser alimentados, por si sabrás AMARLOS y transmitirles este gran sentimiento.

AMOR se muestra cuando no duermes o no comes, para que el otro duerma y coma. Cuando los ronquidos del otro son la séptima sinfonía de la gran noche, o cuando, casi dormido te despierta porque ha tirado de la ropa de la cama y te deja al descubierto en pleno invierno y sin calefacción, o cuando se calienta sus pies desnudos en tus desnudos pies, en la cama, o cuando durante la noche grita o habla dejándote acongojado y desvelado.

Sí, se muestra cuando grita desbordado por los problemas de la vida y luego se esconde para llorar por haber gritado y se entristece por volverse triste con los años pero que no descansa con tal que el sueño inenarrable, de los dos, siga siendo posible.

Claro, también se muestra cuando las arrugas y las verrugas son más cuantiosas que los trozos de piel casi lisa, cuando el poco pelo que queda en la cabeza es ya blanco y fino, cuando la grasa juega a aposentarse en todas las partes del cuerpo, haciéndolo pesado y torpe. Cuando los músculos y los tendones no responden y se debe estar pendiente del otro para que no se caiga o se pueda sentar. Cuando las enfermedades se hacen fieles huéspedes de nosotros y…

Se muestra cuando el otro aparece, un día cualquiera, con una rosa amarilla o unas ramas florecidas de ginesta o de almendro o con acebo, habiendo tenido que eludir a los vigilantes forestales, sabiendo lo mucho que te gusta, que te apasiona, y lo que le perjudican, al otro, los olores intensos de estas flores.

Lo palpamos cuando la muerte nos rodea y nos derrumbamos. Cuando cometemos errores, si los descubrimos o nos los hacen descubrir, los reconocemos, aunque no sea con palabras, si no que rectificando continuamente.

Cuando, cogidos de la mano, a nuestra edad y nuestro cuerpo, paseamos por la calle, mirándonos y besándonos sin que nos importen las curiosas miradas de la gente.

No, no lo dudes, sigo AMÁNDOTE aunque quizás, tú, no reconozcas al verdadero AMOR, tan solo al simple amor, el de las bagatelas, las utópicas ilusiones, el del falso brillo de estrellas de hojalata y de los garfios de falsos piratas.

Y sí, fui yo quien decidió “Comenzamos a caminar por el mismo camino. Cada uno lo vivía de distinta manera, Tomé el primer desvío”

Sinto Petit | @sinto_Petit | Ganador del I concurso de Tuit-Relatos de Hortanoticias

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