Alimentación 4.0

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Desde el pasado mes de enero Valencia está de enhorabuena, ya que inició su andadura como Capital Mundial de la Alimentación Sostenible 2017 nombrada por la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Dentro del marco de este nombramiento, la capital del Túria viene acogiendo diferentes actividades de concienciación en torno a la promoción de la alimentación saludable como vía hacia una mejora en la calidad de vida de la ciudadanía.

La última cita tuvo lugar la pasada semana en una jornada titulada ‘Alimentación 4.0: los retos del siglo XXI’. Esta estuvo organizada por la Asociación Valenciana de Consumidores y Usuarios (AVACU) y la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), con el apoyo de ASUCOVA.

El objetivo de esta jornada, fue ofrecer una visión general sobre la importancia de una alimentación sostenible, profundizar en los retos alimenticios de nuestro siglo, valorar las necesidades de una cadena agroalimentaria sostenible en el tiempo y resaltar la importancia de la dieta mediterránea.

A lo largo de dicha jornada fueron muchos los temas expuestos. Se habló de seguridad alimentaria, citando estadísticas que nos muestran, como a día de hoy todavía un 2,4% de las empresas incumplen dicha legislación. Por otro lado las cifras también nos indican como la Comunidad Valenciana da un ejemplo a nivel Europeo con respecto a la presencia de restos de plaguicidas en los alimentos, siendo en 2015 solo el 1% de los cultivos cosechados los que superaron los límites máximos de plaguicidas en alimentos, frente al 2,8% que presentan los datos de Europa.

Los datos mostrados en correlación a dicho tema, fueron extensos y es que la población demuestra un continuo interés a la vez que preocupación por la seguridad de los alimentos que compra en los mercados.

En relación con la preocupación de la población por la seguridad alimentaria e hilvanando con otro de los temas protagonistas de la jornada, la sostenibilidad de la cadena alimentaria. Se resaltó el producto de proximidad, como el mejor parámetro de garantía de calidad. Y para ello se reivindicó la utilización de un sistema de etiquetado más eficaz, que permita identificar quién es el productor de cada alimento adquirido, la localización geográfica del cultivo, el sistema de cultivo utilizado, así como la fecha de recolección. Dando de este modo mayor información al consumidor a la hora de adquirir alimentos.

A pesar de todo se recalcó en varias ocasiones, que hasta ahora no habíamos tenido un sistema alimentario más seguro, donde gracias al proceso de la trazabilidad, podemos detectar en cualquier paso de la cadena alimentaria un posible problema o evaluar la calidad del proceso. Aclaración que por otra parte tenemos pendiente de trasladar con más ímpetu a la población y desmentir así, los miedos inculcados por algunos medios de comunicación a la ciudadanía.

Pero el groso de las ponencias trazaron un único camino, la adquisición de un estilo de vida saludable como única carrera hacia una buena salud. Como muro al que derrumbar, se habló del Ambiente Obesogénico que rodea nuestra sociedad y el papel de las entidades políticas como actores responsables ante este problema.

En la actualidad , y como consecuencia directa de este ambiente, tenemos unos datos alarmantes de sobrepeso y obesidad en la población. Según los últimos datos de la OMS, en España el 17% y el 36% de los adultos españoles sufren obesidad y sobrepeso. Pero mucho más alarmante, preocupante y sobretodo vergonzoso es el dato en torno a la población infantil, donde el 39,7% de las niñas y el 42,5% de los niños en España padecen sobrepeso y obesidad. En 2010 el 20% del PIB será destinado al gasto sanitario para paliar las consecuencias de la mala alimentación.

Desde 2014 y hasta 2020, la UE está llevando a cabo un plan de acción para combatir esta problemática. Dentro de este plan de acción se promueve como agente modificador el colegio. Considerándolo el entorno clave para adquirir hábitos saludables, donde los niños y niñas actúan como prescriptores de sus familias. Una iniciativa cuyo objetivo es también invertir la ausencia de políticas alimentarias en las ciudades y así conseguir que estas sean capaces de dar de comer y enseñar a comer a sus ciudadanos. Recuperar de alguna forma la antigua gobernanza de autoabastecimiento, en un porcentaje lo más alto posible.

Uno de los agentes influyentes en este ambiente obesogénico es sin duda la publicidad. El 83% de los anuncios de comida dirigidos a la población infantil son insanos. Y por tanto no podemos permitir una relación tan insana entre tecnología de la información y salud.

Vivimos en una zona donde el sistema alimentario es digno de lucir el estandarte de la Dieta Mediterránea. Valencia es una ciudad que brotó en su propia huerta, brindando un mosaico de pequeñas zonas de cultivo labradas por campesinos.

A pesar de ello se destinan alrededor de 180 millones de euros en comida para comedores escolares en Valencia, con productos que en su gran mayoría no son territoriales.

Por tanto, Valencia tiene mucho por hacer. Y seguro que esta capitanía actuará como una nueva semilla, que brotará proyectando una comunidad más sostenible y concienciada con su patrimonio cultural, recuperando como su piedra angular la huerta valenciana.

Sandra Amores | Dietista-Nutricionista | Sandra.A.Nutricionista@gmail.com

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