Ahora sí, se acabó

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Ahora sí, c’est fini, se acabó. Con un emotivo acto, en el que han estado presentes sobre el césped del Ciutat de València algunos de los héroes del primer ascenso del S.XXI del Levante UD allá por junio de 2004, ha finalizado una brillante temporada con la consecución del título de campeón de Segunda División y el ascenso a la máxima categoría del fútbol nacional.

Precisamente han sido los conquistadores del ascenso en Xerez, los Rubiales, Descarga, Tito, Ettien, Manolo, Cuellar y algunos más (otros no presentes físicamente, pero perpetuos en los corazones granotas) y la siempre emocionada imagen del eterno Manolo Preciado en el videomarcador, el entorno en el que la plantilla 2016/2017 recibía la Copa de campeones de la División de Plata.

Pocos, muy pocos (solo algún optimista no excesivamente granotas, porque ya se sabe, optimismo y levantinismo son históricamente sentimientos antagónicos), imaginaban hace doce meses que la temporada 2016/17 iba a finalizar para el Levante UD en el mes de abril con el objetivo cumplido.

Mayo fue el mes de rubricar el título de campeón de la división de plata y junio….bueno, junio ha sido el mes extra, el regalo que ha servido únicamente para vivir con gozo ese ascenso que recordamos casi lejano, tras haber pasado casi mes y medio desde su consecución.

Ha sido una temporada estadísticamente histórica, se han conseguido logros deportivos que permitieron vivir aquella tarde excelsa del sábado 28 de abril. Ese día donde se produjo el estallido de rabia y alegría de una afición genéticamente sufridora ante la conquista del difícil objetivo del retorno a Primera.

Rabia porque, todo@s aquell@s que amamos el Levante UD como algo nuestro, teníamos herida  nuestra alma granota tras el descalabro que acompañó a la entidad el año pasado (y el anterior).  Un cataclismo que fue más allá que un descenso. Es mejor no mirar atrás, pero en ocasiones hacerlo desde la atalaya de la satisfacción es positivo para no volver a cometer los mismos errores.

Nuestro más que centenario Levante UD, tras vivir la gloria de disputar por primera vez en su historia competición europea, jugó dos temporadas con el malabarismo que ofrecía atisbar el abismo haciendo equilibrios para mantener la categoría.

Pero quien juega con fuego acaba quemándose, y el Levante UD como entidad, como club y como equipo de fútbol, cayó de bruces al infierno como castigo a tantos pecados cometidos. Soberbia, alejamiento de sus raíces, desprecio a sus principios….morimos henchidos por la egolatría de creernos inmortales todos, los gestores institucionales y deportivos, el equipo y hasta los aficionados, sí también los aficionad@s.

Y el fútbol no perdona. Quizás por ello es el deporte que permite el mantenimiento de vínculos indisolubles entre el ideario socio-ideológico que caracteriza a una entidad y su afición. Por eso, el estallido de alegría que supuso aquel sábado de abril fue tan verdadero como imborrable para los corazones granotas.

Esa tarde tod@s nos identificamos con unos chavales, un cuerpo técnico, una dirección deportiva y un consejo de administración que, ahora sí, volvía a ser nuestro.

Aquella impotencia de mayo del 2016 al sentir que “nuestro” equipo iba poco a poco alejándose de “nuestro Levante” se había desvanecido. La plantilla de Muñiz, y de Tito y de Carmelo y de Quico y de Paquito Fenollosa y de Pedro López y del Pájaro y de Emilio Nadal y de Andrés Garcerá y de Baixauli y de Geno y de Raimon y de muchos más…., nuestra plantilla, la de la temporada 2016/2017, la que juega y la que gestiona, la que trabaja y la que siente, había recuperado en solo 11 meses ese sentimiento vinculante que nos enorgullece como levantinistas a los poco más de 18..000 almas granotas que habitan en esta ciudad.

Somos los que somos. Jamás seremos muchos más, dudo que, al menos mi generación e incluso las actuales, vivan un Levante con 40.000 socios jugando en un estadio de 50.000 localidades. Ni en su mejor momento deportivo disputando competición europea, el Levante UD superó los 20.000 abonados. Esa es la realidad y la cifra que no ha de ser un hándicap, sino un acicate para seguir creciendo porque, sí no somos muchedumbre pero ¡¡qué más da!! Lo importante no es el número, es el sentir granota, el querer en azulgrana, el ser fiel seguidor de la religión (como diría el siempre añorado M.Vázquez Montalbán) levantinista.

Y esos cerca de doce mil aficionados levantinistas que hoy hemos celebrado, otra vez, pertenecer a un equipo orgullosamente centenario, créanme, nunca dejarán (dejaremos) de sentir en granota y trasladar ese sentimiento a generaciones posteriores. Pocos, muy pocos (aunque algunos ahí) han tenido o tienen la “mala suerte” de engendrar un descendiente con genes levantinistas que cambie de bando y marche al otro lado del río para prometer fidelidad a otro escudo, otros colores y otro equipo, pero en el Levante eso es una excepción, porque la tradición dice que el sentimiento levantino se hereda irremediablemente.

Hoy, como el día del ascenso, hemos sido los que somos, esos que hemos vuelto a llorar de nuevo con la imagen de #EternoPreciado en el videomarcador, los que hemos sentido el pellizco en el corazón con el recuerdo y la imagen de Rivera, Descarga, Reggi, Aizpurua, Tito, Rubiales, Ettien, etc. etc. porque, una vez más, el equipo de comunicación (o el ideólogo de las actividades, lemas y campañas marquetinianas del Levante UD, que también merece desde aquí ser felicitado) nos ha ofrecido una tarde-noche repleta de emoción y sentimiento levantino, del real, del verdadero, ese que transmite como pocos la voz de Pau Ballester (i amb ella cada batec del seu cor granota i amb ell, el nostre) desde la megafonía del Ciutat de València.

Se acabó un año maravilloso. En el recuerdo quedará el gol de Sergio Postigo, el espíritu de killer de Roger, la excelente labor de capitán de Pedro López, las paradas milagrosas de Raúl Fernández, la maestría de Campaña, las cabalgadas de Morales y el liderato sigiloso de un cuerpo técnico dirigido por el profesor (como apuntaba Pau Ballester por megafonía) Juan Ramón López Muñiz, mucho más que un entrenador en un equipo forjado por Tito y Carmelo con la ambición, ilusión y algo importantísimo, honradez que la historia del Levante UD merece.

Por eso hoy es un gran día, porque tod@s hemos aprendido la lección, presidente y equipo directivo, vestuario y afición. Ahora toca celebrar sí, señor, otra vez celebrar, que quien se forjó en el yunque de la adversidad vuelve a rugir, con humildad porque ése es su valor, pero con un futuro placentero que nos ha catapultado de nuevo a la élite del fútbol nacional, a la Primera División.

PRIMERA aquí estamos….y esta vez hemos aprendido y venimos para quedarnos, disfrutar del fútbol,  paliar dolores de derrotas imprevisibles y saborear victorias egregias, porque haberlas, seguro las habrá.

Yolanda Damià | @YolandaDamia | Periodista | http://yolandadamia.blogspot.com.es

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